En una Siria dividida por años de guerra, una minoría circasiana dispersa

Por Lama Rageh para Syria Untold

Plaza Sadallah Al Jabiri, Alepo, después de la explosión de octubre de 2012. [Zyzzzzzy / CC 2.0]

‘Ya no hablamos entre nosotros’.  Los circasianos llegaron por primera vez a Siria en el siglo XIX, escapando de los invasores rusos en su tierra natal en las montañas del Cáucaso. Desde entonces, muchos se consideran como ‘invitados’ en Siria, adhiriendo a una política de ‘neutralidad’ en los asuntos sirios. Sin embargo, la última década plagada de guerras, desplazamientos y pérdidas cambiaron esa postura.

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 Rima* todavía no está segura de si la suerte estuvo realmente de su lado. Cuando las fuerzas del régimen sirio lanzaron ataques aéreos en su sitiada ciudad natal de Qudsaya, al oeste de Damasco, fue una de las primeras en irse. La ciudad fue el hogar de familias de la minoría étnica circasiana, así como damascenos y otros que originalmente provenían de las áreas circundantes. La familia de Rima es circasiana. “Tuve suerte porque el régimen permitió que algunas familias circasianas se fueran y no las obligó a asediarlas como lo hizo con otros residentes de Qudsaya, aún así, me di cuenta de que tal vez esta sería la última vez que vería mi ciudad natal, y tal vez incluso mi país”, comentaba Rima.

Eso fue en 2014. Según fuentes de derechos humanos, los bombardeos aéreos de la ciudad fue la primera ruptura de un alto el fuego de tres semanas entre las fuerzas del régimen sirio y los comités locales responsables de proteger Qudsaya. Este último fue en respuesta por la muerte de un oficial del régimen. Rima, ahora de 31 años, habló con Syria Untold desde Turquía a través de WhatsApp. Recordó su historia familiar de migración y desplazamiento, incluido el desplazamiento de su familia en su aldea en los Altos del Golán en 1967. Su memoria se remonta aún más atrás. Rima recuerda las historias que solía contar su abuela sobre el desplazamiento forzado de los circasianos, que originalmente provienen de las montañas del Cáucaso y que practican el Islam. Huyeron en busca de más seguridad dada la amenaza de una invasión rusa a su tierra natal en la década de 1860, y terminaron en suelo otomano. Es más, los antepasados de Rima que se unieron al éxodo se encontraron en lo que más tarde se convertiría en la República Árabe Siria.

Actualmente, Rima y su familia alquilan una casa en Ankara, la capital turca. Ella es una de los aproximadamente 15.000 ciudadanos sirios de origen circasiano que abandonaron el país desde el comienzo de la guerra, según estimaciones de 2017. De hecho, la emigración de Siria continúa hasta el día de hoy.

Una vida ‘sin problemas’

Según fuentes históricas, los primeros grupos de circasianos llegaron a Siria en 1860, junto a chechenos y daguestaníes, otros grupos del Cáucaso que fueron desplazados al Imperio Otomano.

Se establecieron en tres áreas principales de Siria: Damasco y sus afueras (Qudsaya, Al Muhajireen y las aldeas más al sur de Ghouta Oriental), Alepo (Manbij y Khanaser) y los Altos del Golán, que alguna vez fue el hogar de la mayor parte de Siria y de los circasianos. Eso cambió en 1967 cuando el ejército israelí tomó el control de 14 aldeas circasianas en el Golán, desplazando a sus 18.000 residentes. Estos encontraron refugio en Damasco. Según Rima, los circasianos que todavía hablaban su propio idioma, Adigué, además del árabe, el idioma oficial de Siria, “vivían sin problemas aparentes en la superficie, tanto dentro de la sociedad como bajo las autoridades. Practicaron sus costumbres y tradiciones gracias a un razonable grado de tolerancia por parte del régimen, en comparación con otros grupos étnicos”.

Este equilibrio relativo cambió con el estallido de la revolución siria, cuando los circasianos, que rondaban los 150.000 en ese momento, se dividieron en líneas políticas: los que apoyaban al régimen y los de la oposición. Algunos de ellos comenzaron a huir a Jordania, Turquía e incluso a la tierra de sus antepasados, en las montañas del Cáucaso, a caballo entre Rusia y Europa.

¿‘Invitados’ en Siria?

Sumayya* tiene 39 años y tres hijos. Originaria de Qudsaya, se encuentra entre los circasianos de Siria que eligieron ponerse del lado del régimen. “Desde el comienzo de la crisis, comenzaron a aparecer divisiones en mi familia, entre los leales y los que estaban a favor de la oposición. Mi familia se mantuvo neutral, siguiendo las instrucciones de mi abuelo, como muchas otras familias circasianas. Pero yo era partidaria del estado sirio y escribí más de una vez en mis cuentas personales [de redes sociales] en apoyo del presidente Assad” comentaba Sumayya.

Según Sumayya, los ancianos de las familias circasianas y los notables locales a menudo intentan controlar la mentalidad de las generaciones más jóvenes. Quieren alentar a “regresar a la patria, al Cáucaso, y criar a sus hijos e hijas como si fueran invitados en Siria, no interfiriendo en los asuntos sirios”.

Sin embargo, Sumayya rechazó las instrucciones de su propio abuelo, justo cuando al principio dudó en ser entrevistada. Pronto cambió de opinión y decidió que quería hablar sobre la casa que dejó en Qudsaya, así como sobre los recuerdos que contenía. La postura ‘neutral’ de su abuelo y su propia postura a favor del régimen no impidieron que la guerra llegara a su hogar. “Cuando el régimen sirio asedió Qudsaya con el objetivo de expulsar a los militantes, decidí irme con mi esposo e hijos e irme a vivir a la casa de mis suegros en Mezzeh”. 

Ali*, originario de la ciudad de Bariqah al sur de Damasco, tiene una historia muy diferente. “A finales de 2012, comenzaron a haber enfrentamientos entre el régimen y los combatientes del ELS, que habían tomado posiciones en Bariqeh y Bir Ajam”, recuerda. “Cuando se intensificó el bombardeo, nos quedamos en el refugio antiaéreo durante 11 días. Luego huí con mi familia a Masaken Barzeh en Damasco y me quedé en la casa de mi hermana”. Unos meses más tarde, las fuerzas del régimen detuvieron a Ali durante 45 días. Todavía él no sabe el motivo. Lo liberaron como parte de un intercambio de prisioneros entre el régimen y el ELS en septiembre de 2013.

El caso de Ali es similar al de Muhammad, que tiene 38 años y ahora vive en Bélgica. Muhammad nació de padre alauita y madre circasiana, pero se considera circasiano. “Me siento circasiano. Domino el idioma circasiano y conservo sus costumbres y tradiciones”. Muhammad fue arrestado a principios de 2011 por estar a favor de la oposición. Su padre, un oficial de Mukhabarat, pudo presionar por su liberación una semana después. Esto no impidió que Muhammad asistiera a más manifestaciones. Participó en el funeral del director de cine pro-oposición Bassel Shahadeh y en una protesta titulada “Detengan la matanza, queremos construir una patria para todos los sirios”. De ahí que, por segunda vez, las fuerzas de seguridad buscaban a Muhammad. Así que huyó a Marj Al Sultan, una ciudad de mayoría circasiana en las afueras de Damasco, en los suburbios de Ghouta Oriental. (N.d.T.: la palabra árabe Mukhabarat hace referencia a la Dirección General de Inteligencia y policía secreta).

Muhammad permaneció allí hasta finales de 2012 y luego se mudó al Líbano. En 2014 se trasladó a Bélgica, donde aún vive. Recuerda, “por supuesto, existen partidarios [circasianos] del régimen sirio, esta postura surgió desde el comienzo del asedio de Ghouta Oriental y lo que sucedió en Marj Al Sultan en 2012”.  Las fuerzas del régimen bombardearon intensamente Marj Al Sultan a finales de ese año, lo que obligó a sus residentes a huir de sus hogares. “Todavía existen ancianos circasianos que prefieren a Bashar Al Assad que a otros. Se consideran a sí mismos ‘invitados’ en Siria que no deberían estar involucrados en los eventos actuales allí, a la luz de que el régimen les permite organizarse, aprender su propio idioma y practicar sus costumbres”.

Muhammad enfrentó el acoso de algunos parientes del lado circasiano de su familia debido a su postura a favor de la oposición, dice. “De repente, ya no soy un circasiano a sus ojos. Empezaron a decirme que soy alauita y no ‘bzamou’, que significa ‘circasiano’ o alguien que habla el idioma circasiano. Cuando huí a Marj Al Sultan, algunos de ellos se negaron a interactuar conmigo para que los otros no pensaran que estaban inclinados a mí persona. Algunos de ellos me dijeron que porque soy partidario de la oposición, yo tendría un final desastroso”.

Aún así, Muhamamd dice que siente que las posturas políticas en Siria no están necesariamente ligadas a la pertenencia a un grupo étnico en particular. Señaló a varias élites y figuras circasianas que permanecen divididas a lo largo de líneas culturales e intelectuales. “Algunos de ellos no se refieren a sí mismos solamente como circasianos, y por otro lado, existe una larga lista de oficiales del régimen circasiano y shabihah —Sobre todo el ex oficial del Mukhabarat Walid Abaza, que ocupó varios cargos, incluido el de secretario de la rama del Partido Baaz en la gobernación de Quneitra”. (N.d.T.: la palabra árabe shabihah denomina a los militantes del gobierno Sirio).

A medida que la revolución de Siria se transformó de un movimiento pacífico a un levantamiento armado, un segmento de circasianos se involucró en los combates, especialmente los de Quneitra y el campo que rodea Damasco. Varias facciones armadas se unieron, incluido el grupo Ahrar Al Sharkas, que estaba afiliado al ELS y participó en la toma de la aldea de Bir Ajam del control del régimen a finales de 2012. También surgieron algunos líderes militares circasianos, incluido Abu Asaad Al Sharkasi, que comandaba el grupo Abi Bakr Al Sadiq. De hecho, ‘sharkas’ es la palabra árabe para circasiano.

Salah* es un circasiano de Qudsaya que trabajó allí como activista de diferentes medios de comunicación. Durante la revolución, huyó a Homs, donde conoció a Abu Asaad a finales de 2011. “Desafortunadamente, muchos de nosotros los circasianos no sabemos de personas como Abu Asaad, pero sí sabemos sobre los crímenes de guerra de Walid Abaza y de su hijo. En mi opinión, Abu Asaad estaba tratando de decir que los circasianos se habían convertido en sirios, que Siria les pertenecía como a cualquier otra persona”.

Refugio en Turquía

Cuando las batallas se intensificaron en los primeros años de la guerra en las áreas mayoritariamente circasianas de Damasco y Quneitra, las organizaciones circasianas de Turquía intervinieron. Según fuentes con conocimiento del asunto, un grupo en Estambul y otro en Adana ayudaron a familias circasianas a encontrar un pasaje seguro a Turquía a través del Líbano. Ali, ex detenido, fue uno de los transportados a Turquía en 2013. Se instaló en el campo de refugiados de Nizip, al este de Gaziantep, en el sur de Turquía. La administración del campo había reservado una parte del campo para unas 200 familias circasianas. Esa zona llegó a ser conocida como el ‘barrio circasiano’. “Había una persona circasiana muy conocida en el campamento que anunciaba vuelos a Gaziantep desde el aeropuerto Rafic Hariri en Beirut, esto fue unos 20 días después de mi liberación de la detención. Los vuelos eran solo para circasianos y los asientos eran limitados”, recuerda Ali.

Syria Untold no pudo hablar con las organizaciones circasianas en Turquía, ya que las fuentes se mostraron reacias a dar información de contacto, aunque más de una fuente habló sobre los grupos y sus esfuerzos de evacuación. Entre ellos se encontraba Rihab, una mujer de 65 años que abandonó su ciudad natal de Al Qahtaniyah en el Golán en 2013. De hecho, poseía otra casa en Qudsaya, a las afueras de Damasco. “Alguien en el Líbano se acercó a nosotros y dijo que representaba a una organización circasiana en Turquía, que podía asegurarnos un paso seguro”. Rihab terminó en una caravana en Nizip Camp. “Fue muy difícil al principio. La caravana era muy pequeña y no tenía suficiente espacio para mi familia de cuatro”, recuerda.

“Pero me sentí segura. No hubo bombas, no hubo muertes como en Siria. Poco a poco nos acostumbramos a las cosas, especialmente porque había muchos otros circasianos en el campamento de todas las edades. Solíamos disfrutar del sonido de la música circasiana que se tocaba en el campamento; todas las noches, nos reuníamos. Eso fue hasta que se abrió la frontera entre Turquía y Europa. Las familias comenzaron a emigrar y el campamento se vació”, recuerda Rihab.

“El campamento tenía residentes de todas las tribus circasianas, alrededor de 200 familias. Cuando se desmanteló el campo, algunos de ellos se fueron a Europa, mientras que otros se establecieron en otros lugares de Turquía. De hecho, algunos se quedaron en Nizip”, declaró Celal Demir, ex director del campamento de Nizip, a Syria Untold.

‘Cuando termine la guerra’

Años de guerra e inestabilidad están empujando a más personas como Rihab, Rima y Ali a abandonar Siria sin esperanzas de regresar pronto a casa. Rima, que vive en Ankara con su familia, ahora tiene una tarjeta de protección temporal turca. Pudiendo encontrar un trabajo,  dice que sigue con su vida en Turquía sin pensar tan a menudo como antes en su antiguo hogar. En cuanto a Rihab, que era dueña de una segunda casa en Qudsaya, dice que otra familia se hizo cargo de la casa. También se abrió una oficina de seguridad del régimen cerca. “Intenté muchas veces recuperar la casa. Pero, lamentablemente, mis intentos no servirán de nada a menos que vaya en persona. Hablé con el ocupante actual y me prometió que si volvía a Siria, dejaría la casa ”, comentó Rihab.

Ali, que vive en Turquía, todavía piensa en la división que la guerra provocó en los circasianos. “Yo y muchos otros jóvenes ya no hablamos entre nosotros porque estamos divididos entre la oposición y los leales, pero estas divisiones no se limitan a los grupos de amigos. Incluso los hermanos están divididos. Pero eso es sólo por ahora. Los impactos de la división desaparecerán cuando termine la guerra. Quizás volvamos”.

* Syria Untold cambió los nombres de algunas fuentes citadas en este informe para proteger su seguridad.

Este informe fue publicado en asociación entre Syria Untold y la Red de Reporteros Iraquíes para el Periodismo de Investigación (RRIPI). Lea este informe en su árabe original aquí.

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Lama Rageh es licenciada en Periodismo y Medios de la Universidad de Damasco, posee un Máster en Medios de la Universidad Árabe de Beirut. Se desempeña como freelance para varios medios, además de ser una activista de derechos humanos con un interés particular en temas de género.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por Syria Untold el 27 de septiembre de 2021.