Escribiendo nuestra existencia con el Colectivo de Iraníes Negros

Por Beeta Baghoolizadeh y Priscillia Kounkou Hoveyda para Middle East Research and Information Project

El dolor de la quietud. [Recovering Sick Soul / Creative Commons]

Seis afro-iraníes e iraníes negros con base en Canadá, Alemania, Francia y Estados Unidos lanzaron el Colectivo por los iraníes negros en agosto de 2020, motivados por la necesidad de ser vistos, escuchados y entendidos. 

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En mayo de 2021, el Colectivo ha desarrollado una audiencia de más de 20.000 seguidores de todo el mundo. El proyecto centra la experiencia de afro-iraníes e iraníes negros a través de varios medios en farsi e inglés en colaboración con su red de artistas, narradores de historias y cineastas. 

A pesar de su presencia que ya lleva cientos de años en Irán, los iraníes negros suelen ser apartados de las narrativas que componen la historia nacional. Marineros, comerciantes, obreros, líderes religiosos, figuras políticas y gente esclavizada conectaron las costas del este de África y las iraníes. A pesar de que los iraníes esclavizaron por siglos a caucásicos, asiáticos de Asia central y del sur y a africanos del este, los cambios geopolíticos del último tiempo posicionaron a los africanos del este como los más vulnerables. Aunque algunos africanos orientales fueron esclavizados como cultivadores de dátiles o buceadores de perlas, la prevalencia de los trabajadores domésticos en los centros urbanos da cuenta de las convenciones iraníes sobre la raza, en particular la negritud. En las ciudades, mujeres, hombres y niños africanos esclavizados trabajaban como niñeros, cocineros, pajes, guardaespaldas y amos de llaves, gestionando las vidas cotidianas de los iraníes ricos y de élite. Se usaba el término en farsi “siyah” o “negro” como adjetivo para describir a una variedad de personas, desde quienes eran de Baluchistan a quienes venían de cualquier otra parte del subcontinente. Pero la creciente asociación entre africanos del este con la esclavitud convirtió el término “negro” en una palabra que refería específicamente a ellos. 

Los esfuerzos británicos e iraníes por detener el tráfico de personas esclavizadas a Irán comenzó en 1848, pero no fue hasta 1929 que el parlamento iraní abolió la esclavitud y declaró la libertad de los esclavos. El proceso de la abolición, sin embargo, trajo consigo una omisión de las experiencias de los negros iraníes, esclavizados o libres. Al día de hoy, muchos niegan todo lo referido a la historia de esclavitud en Irán. Los pocos académicos que lo reconocen distinguen la  esclavitud que se dio en Irán de la comunmente asociada con el tráfico de personas transatlántico, como una forma más benévola. La adopción del mito nacional ario, que proclama que los verdaderos iraníes son blancos, llevó a la dañina exclusión de los iraníes negros de la identidad iraní. 

El espectacular trabajo del Colectivo es el primer y único esfuerzo en Irán que reúne todas estas voces, compartiendo sus historias y experiencias para hacer crecer la conciencia racial y combatir el racismo endémico en la comunidad iraní. Su trabajo aparece en múltiples portales de noticias incluyendo Al Jazeera, AJ+, The New Arab y otros. También se unieron al club de libros ‘Because we’ve read’ (Porque hemos leído) y a Cassava Republic Press para crear una unidad alrededor de la historia racial y de la esclavitud en Irán. En septiembre de 2021, el Colectivo estará presentando su primer exhibición multimedia en Twelve Gates Arts en Filadelfia, un show titulado ‘Hastim: we are here’ (Hastim: acá estamos).  

Beeta Baghoolizadeh entrevistó a la miembro fundadora del Colectivo, Priscilla Kounkou Hoveyda, en abril de 2021. Kounkou Hoveyda, abogada de derechos humanos, tiene una década de experiencia trabajando con UNICEF y con otras organizaciones no gubernamentales que se enfocan en construir políticas nacionales e internacionales para las poblaciones más vulnerables alrededor del mundo. También es cineasta de documentales. Baghoolizadeh es ayudante de cátedra de Historia y Estudios Africanos en la Universidad de Bucknell y se desempeña como historiadora residente del Colectivo. Actualmente está escribiendo su libro The Color Black: Enslavement and Erasure in Iran (El color negro: esclavitud y borramiento en Irán).

Desde el lanzamiento del Colectivo a fines de agosto de 2020, contar historias a través del arte, la música y el cine fue central para amplificar y colocar en el centro las voces iraníes negras. ¿Nos podés contar sobre el poder de esta narración en el trabajo del Colectivo?

Narrar historias juega un rol significativo tanto para la cultura africana como para la iraní. Desde el Colectivo nos interesa situarnos en esta intersección de quiénes somos y poder compartir el poder de lo que significa esta identidad. Por eso, naturalmente usamos la narración para llevar esto a cabo. Contamos historias de nuestras realidades, realidades que muchos ignoran, para asegurarnos de aprender del otro en formas que nos permitan convivir en esta sociedad global, ahora equipada con un mejor entendimiento de los demás.  

Somos, de alguna manera, los narradores (griots) de la comunidad iraní. En la tradición de África Occidental, los griots eran quienes observaban la sociedad y daban cuenta de sus historias para que estas historias no se olviden. Igualmente importante, los griots pedían que se volvieran a contar las historias que ellos contaran para que todos pudieran adueñarse de ellas. El colectivo, en esta misma tradición narrativa, comunica las historias de iraníes negros y afroiraníes alrededor del mundo y luego pide a la audiencia que continúen difundiéndolas.

Hacemos un esfuerzo para mejorar la accesibilidad, todo nuestro contenido está disponible tanto en farsi como en inglés. Nuestro objetivo es llegar a tener nuestro contenido en más idiomas porque creemos que la identidad es trasnacional. 

¿Cómo eligen qué historias compartir? 

Fundamos el Colectivo con varios narradores negros y afro iraníes en Iran y a través de la diaspora iraní y africana. Somos ya una ciudadela de voces, así que apuntamos a los miembros fundadores y colaboradores para que empiecen a compartir segmentos de quiénes somos para inspirar a otros a hacer lo mismo. Por ejemplo, otra miembro fundador, Parisa Nkoy, comparte la historia de su amor por el canto. Explica, sin embargo, que nunca cantó en farsi dentro de su comunidad por miedo a ser burlada por ser negra. A través de la serie ‘Voices from Home’ (Voces desde casa), Parisa canta una canción del famoso cantante iraní Googosh. 

En otros casos, uno de nosotros conoce a alguien más, ya sea conocido o  amigo o admiramos el arte de alguna persona. Por ejemplo, yo conocía a  Pegah Bahadori desde antes de lanzar el Colectivo. Es iraní afrodescendiente, del sur de Irán, estudiante de psicología y hoy miembro del Colectivo. Pegah compartió momentos poderosos de su niñez y nos enseñó mucho sobre quienes somos por prestarle atención a lo que quizás no conocíamos. Explicó en una reunión de Transnational Blackness  sobre cómo la gran mayoría de la gente a su alrededor no sabía del tráfico de esclavos en el Golfo Pérsico y la participación iraní en esto. 

Una vez que identificamos a los narradores, ellos deciden qué historia contar según quiénes son; el Colectivo se vuelve entonces un eco creativo que comparte y amplifica sus voces. 

El rol de la memoria parece operar en diferentes niveles en el trabajo del Colectivo. Varias escenas e historias compartidas son directamente parte de la memoria de los miembros, como los relatos del cumpleaños de Arameh Anvarizadeh en Irán o los recuerdos de Melika Khorsandipour sobre ser burlada por su gusto en moda.  Luego aparece la segunda capa, donde presentamos relatos históricos recolectados de archivos o memorias para combatir la omisión histórica de la esclavitud y la abolición de la memoria colectiva iraní. ¿De qué manera son distintas estas dos formas de relatar la memoria, si es que lo son?

Sí, de hecho hay dos capas de memoria que el Colectivo pretende conectar. Incluso sumaría una más: la memoria del futuro. Esta memoria orientada al futuro no está todavía integrada a nuestro trabajo pero nos gustaría sentar las bases para su formación. 

La primera capa es la que conecta la memoria con el pasado. Esto es historia y es importante conocer todas sus dimensiones, especialmente aquellas relevantes para convivir hoy con todos. Al interior de Iran y entra la comunidad iraní en general hay un desconocimiento general del tráfico de esclavos en el Golfo Pérsico, por ejemplo, y del hecho de que la esclavitud recién se abolió en 1929 en Irán. Los diálogos alrededor de la cuestión racial son escasos o extranjeros (literal y figurativamente). Yo crecí escuchando que me dijeran “nosotros no tenemos población negra en Irán”, incluso después de contarles que yo también soy iraní. Mi experiencia resuena en muchos otros iraníes negros que también sintieron la necesidad constante de explicar cómo se puede ser ambas cosas. 

Fue claro para el Colectivo que había trabajo por hacer en pos de la memoria y la conciencia, de iluminar lo que está ahí y no conocemos. La otra capa de nuestro trabajo conecta la memoria con el presente, con historias como la de Arameh en Los Ángeles y Melika en Bandar Abbas, estamos no solo en Irán y en la diáspora sino también en todo el mundo. Las historias de Melika están para enseñarnos que nosotras, las mujeres negras que también somos iraníes, compartimos una realidad actual iraní (en reuniones familiares, casamientos y celebraciones de Nowruz, el año nuevo persa). A cada momento en la cultura iraní. Las mujeres negras estamos acá y nuestra historia debería recordarnos que siempre estuvimos presentes.  

Nuestro trabajo es el de escribirnos a nosotros mismos para colocarnos dentro de la existencia, en el pasado, el presente y el futuro. 

Al mirar la cuenta de Instagram (@CollectiveforBlackIranians), podemos pensar en el arte como un álbum de estas memorias, personales y olvidadas, junto con frases y recordatorios que nos ayuden a construir más memorias en el futuro. ¿Qué rol pensás que juega el arte en volver a narrar estas historias? 

Veo el arte como una herramienta para comunicar emociones y conectarnos entre nosotros. Usar el arte para posicionar la negritud en la realidad iraní es otra forma de escribir, o dibujarnos dentro de la existencia. 

Yo solía sentarme con mi abuela a cortar sabzi (hierbas) por horas en Teherán. Ella tenía chismes de cada pariente y yo simplemente escuchaba expresando una aprobación sutil. El panke (ventilador) en el piso provocando más ruido que viento, mi piel oscura convirtiéndose en una junto con mi realidad iraní. Compartí esta memoria de mi niñez en Teherán con Alex Eskandarkhah, otro miembro fundador, que también vivió la experiencia de ver a su abuela afroiraní cortar sabzi en el jardín en Abadan, en el sur de Irán. Pensé que eso era importante, ese eco. Esta memoria hoy está encarnada en una pieza producida por el Colectivo con el artista británico-iraní Sahar Ghorishi.  

De manera similar, el Colectivo trabajó para imaginar y visualizar algunas de las historias disponibles para nosotros hoy. Por ejemplo, creamos una serie sobre la vida de Khyzran en formato visual, con investigación tuya, Beeta, e ilustrada por la artista iraní-estadounidense Mina Jafari. Khyzran nació en Zanzíbar en 1834 y fue traficada a Irán en 1856, donde luchó por su libertad y la de otros. En una palabra, la vemos en un dhow (embarcación típica árabe) sosteniendo a Walladee, un joven esclavizado que ella trató de liberar.  

Una serie muy movilizante producida por el Colectivo, #WritingOurselves, lo dice fuerte y claro: acá estamos. En esta serie, continuamos poniendo arte al servicio de la historia y la militancia. Por ejemplo, creamos una obra alrededor del hecho de que en 1867 según un censo, el 2,5% de la población de Teherán era negra.[1] Tengamos en mente que las migraciones no solo fueron forzosas, algunas personas eligieron migrar en busca de oportunidades económicas u otras formas de movilidad social. En colaboración con el artista congolés Ben Lugaba y bajo tu guía como nuestra historiadora residente, producimos una pieza que representa la presencia afro-iraní en Teherán en esa época. Es verdaderamente una invitación visual a ver negritud en la historia de Irán. Acá usamos el arte en nuestro esfuerzo de revertir la omisión y la subsecuente formación de un vacío alrededor de ser negro, africano e iraní simultáneamente, ya sea siendo iraní y afrodescendiente o africano descendiente de iraníes. 

Como griots, estamos ahora dibujando la historia de nuestros ancestros africanos dentro de la existencia, para que el mundo nos vea. 

Me acuerdo, antes de que el Colectivo arrancara, vos me contabas cómo le pediste a Mina Jafari que ilustrara las escenas en color, en vez de en blanco y negro. Desde ese momento, cada artista residente trajo su propia paleta de colores característica, amarillos brillantes y rosas, tonos térreos, pasteles y más. ¿Nos podés contar sobre el rol del color en la narración y cómo se relaciona con el Colectivo?

Yo puedo debatir sobre las diferentes paletas de marrones con los artistas por horas. El color es tan importante para el Colectivo, particularmente el color negro o marrón que se traducen en paletas. Es la importancia de dibujar el color negro o marrón y asegurarse de que los iraníes negros somos vistos en el arte visual iraní. Tiene que ver también con tomar el control de la forma en que se usa el color y así, la forma en que ser negro es percibido. Yo fui y aún sigo siendo llamada “siyah” en las calles de Teherán, Bandar Abbas o Isafhan. Por supuesto, de vuelta, no soy la única. El color de nuestra piel llama la atención y las reacciones varían. Sabemos que es una realidad para muchos otros iraníes negros: la burla, el ensañamiento, el menosprecio y lo anti-negro. Usamos el arte acá con la talentosa Mina Jafari y otros, como la artista negra estadounidense Chyna Dumas, la iraní-americana Kimia Fatehi o la artista afro-iraní Arefeh Avazzadeh, para tomar el control sobre la representación de los colores negro y marrón en nuestra comunidad. El colectivo está para decir, nada más y nada menos, que el negro es hermoso. 

Algunas de estas historias son difíciles de escuchar, por ejemplo la historia de Narges de haber sido esclavizada y vendida repetidamente en Teherán a comienzos del siglo XX, que recién consiguió su libertad con la ayuda de Haji Naneh. ¿Cómo reaccionaron las diversas audiencias a estas historias? ¿Los iraníes negros en diaspora y en Irán, otros iraníes, quienes no son iraníes? 

La reacción más común fue el impacto de no estar al tanto de la existencia de mujeres negras o afrodescendientes que dejaron de ser esclavizadas hace tan poco tiempo en Irán. Otros pusieron en duda la veracidad de lo que mostramos porque, quizás, no pueden entender cómo estas historias permanecieron ocultas toda su vida. Lo que es importante para nosotros es enfatizar la omisión de lo negro no solo en la historia sino también en la sociedad contemporánea iraní, incluyendo la diáspora.  Muchos iraníes alrededor del mundo te dirían que ‘no tenían ni idea de que había población negra en Irán’. O dirán que ‘no es lo mismo que la población negra en otro lado’. Estas son aseveraciones ignorantes y dañinas.

Cuando nos enfrentamos a estas difíciles pero importantes historias, aparece la posibilidad, como comunidad, de vivir más informados y entendiéndonos más a nosotros mismos y a los demás. Podemos preguntarnos, como individuos y como comunidad, qué implica esta nueva información para mí como iraní, ya sea dentro de Irán o en la diáspora, negro y/o afrodescendiente o no. 

Lo que también muestra es la importancia de democratizar la historia y el acceso al conocimiento para habilitar conversaciones. Recibimos mensajes sobre discusiones entre amigos en cafés de pueblos al sur de Irán, Abadan, Bushehr, Bandar Abbas, sobre la práctica de la esclavitud y el impacto que dejó en sus pueblos. También tenemos mensajes de treintañeros afro-iraníes, hombres y mujeres, contándonos historias sobre un abuelo venido de África, fotos de migraciones electivas, lenguajes producto de la mezcla entre farsi, árabe y swahili. También, anécdotas de un pariente africano que, según los relatos familiares, se describió a sí mismo como alguien que siempre trabajó para la familia como un sirviente. Hay cierta conciencia racial que está apareciendo gracias a nuestro trabajo. Si no fuera por los esfuerzos iniciáticos de nuestro Colectivo, estas conversaciones estarían disponibles solo para una minoría dominante que raramente incluye (y mucho menos es conducida por) las voces que se encargan de investigar. 

Describiste a menudo el trabajo del Colectivo como “creativamente disruptivo”. ¿Qué quiere decir? ¿Cuáles son algunos de tus planes a futuro en este sentido? 

Albert Camus escribió sobre “crear peligrosamente” y la responsabilidad social de todos los artistas. “Cualquier publicación debe ser una acción”, dijo. Lo que quiero decir con ‘trabajo que es creativamente disruptivo’ es lo que dijo de forma mucho más elocuente este célebre escritor francés-argelino hace décadas. El trabajo del Colectivo es creativamente disruptivo porque es un trabajo que hace pensar a los miembros de la sociedad en que vivimos. Pensar en tópicos fundamentales como etnia y raza, algo nunca antes discutido desde la perspectiva de quienes somos negros dentro de la comundiad iraní. Pensar en las interconecciones entre África e Irán y en la importancia de cómo resuenan las palabras ‘Negro es hermoso’ en farsi. 

El colectivo planea continuar resaltando puntos de vista ignorados u omitidos en la cultura iraní para poder cambiar el discurso y dar cuenta de los muchos elementos que forman quiénes somos. Vamos a seguir haciendo cortos que focalicen en historias de la población negra en Irán y en la diáspora. Estamos visualizando una serie animada que cuente las historias de mujeres negras iraníes como Khyzran y Haji Naneh. También produciremos más piezas para militar y recordarle a nuestra comunidad que lo negro es hermoso y que ser iraní puede significar ser potencialmente negro y viceversa. También estamos trabajando arduamente en mostrar nuestro trabajo más allá de internet, en Teherán, los Ángeles y Toronto, a través de exhibiciones de arte, entre otras cosas. Así que manténganse atentos para ver más. 

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Beeta Baghoolizadeh es una profesora asistente de Historia y Estudios Africanos en la Universidad de Bucknell y es historiadora residente en el Colectivo de Iraníes Negros. 

Priscillia Kounkou Hoveyda es abogada de derechos humanos. Tiene una década de experiencia trabajando con UNICEF y con otras organizaciones no gubernamentales que se enfocan en construir políticas nacionales e internacionales para las poblaciones más vulnerables alrededor del mundo. También es cineasta de documentales. Baghoolizadeh es ayudante de cátedra de Historia y Estudios Africanos en la Universidad de Bucknell y se desempeña como historiadora residente del Colectivo. Actualmente está escribiendo su libro The Color Black: Enslavement and Erasure in Iran (El color negro: esclavitud y borramiento en Irán).

N.d.T.: El artículo original fue publicado por MERIP el 29 de junio de 2021.

Referencias

[1] Thomas Ricks, “Slaves and Slave Trading in Shi’i Iran, AD 1500-1900,” JAAS, XXXVI/4 (2001); Mansureh Ettehadieh, Sirius Sa’dvandian, Amar-i Dar al-Khilafih-yih Tihran (Nashr-i Tarikh-i Iran, 1368).