La lucha de clases en el Imperio otomano y el genocidio armenio

Por Yeghia Tashjian para New Eastern Politics

La ‘llama eterna’ en el Monumento Conmemorativo al Genocidio Armenio en Yereván, Armenia. [Serouj Ourishian/Creative Commons]

A partir del siglo XIX, el Imperio Otomano atravesaba una transición económica y las potencias europeas incidían en su sistema económico. Este factor dio lugar al ascenso de la  clase media cristiana a expensas de la clase media musulmana tradicional. Para contrarrestar esta situación, el sultán Abdul Hamid II y luego los Jóvenes Turcos centralizaron el sistema. Éstos reorganizaron la clase media turca y allanaron el camino para el exterminio de griegos y armenios y el reasentamiento de musulmanes caucásicos y balcánicos en propiedades confiscadas a estas comunidades en Anatolia y las Tierras Altas de Armenia.

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Sin embargo, los comerciantes musulmanes comenzaron a sospechar más después de que los Jóvenes Turcos tomaron el poder —1908—. Veían un futuro incierto en la política electoral, ya que creían que el sistema parlamentario socavaría la supremacía musulmana. Como resultado, muchos musulmanes de clase media se reunieron en torno a religiosos como los ulema —escolares religiosos sunitas—. Entonces contraatacaron en 1909 demandando que se aplicara la ley Sharía en el Imperio y así prevenir la consolidación de medidas seculares en el sistema legal otomano.

Otro factor fue la abolición de los jenízaros. Heather Sharkey sostiene que su eliminación benefició a banqueros y prestamistas armenios que intervinieron para reemplazar a los banqueros judíos al servicio del Estado otomano. Los trabajadores armenios también se beneficiaron. Cuando el sultán Mahmud II aplastó a los jenízaros en 1826, golpeó al mismo tiempo a Dos factores contribuyeron al surgimiento de la clase media armenia en el Imperio Otomano: primero, el comienzo de la era de las Reformas o Tanzimat (1839-1876), que alentó a los no musulmanes a abrirse al comercio europeo. En segundo lugar, la abolición de los jenízaros —los soldados-esclavos de élite del sultán—, lo cual benefició a los prestamistas armenios.

Con el inicio del período de la Tanzimat —Reforma—, la dinámica social de la sociedad otomana cambió. Los musulmanes, a pesar de ser mayoría numérica, temían perder poder frente a los no musulmanes que se estaban volviendo económicamente poderosos. Además, los musulmanes vieron el reemplazo del antiguo y estricto orden religioso como un pretexto utilizado por las potencias europeas para interferir en los asuntos internos del imperio y empoderar a los cristianos a su costa. Como resultado, se intensificaron los ataques contra los cristianos. 

Los artesanos musulmanes y a los miembros del gremio y expulsó a miles de trabajadores musulmanes de Constantinopla hacia las Tierras Altas armenias. Luego, el sultán hizo que trajeran armenios para reemplazarlos, dando lugar a un intercambio de población que generó resentimientos entre turcos y kurdos de clase trabajadora, por un lado, y los armenios, por el otro. 

La abolición de los jenízaros debilitó la posición de los ulemas y cambió el poder en el Estado otomano. Así, las élites no musulmanas plantearon cada vez más un desafío económico a los intereses musulmanes y la red de seguridad social que protegía a los gremios. Los pobres urbanos finalmente dejaron de existir con la destrucción de los jenízaros y la política de centralización.

La clase media musulmana quería contraatacar y recuperar el ‘viejo orden’ que le interesaba. Así, el choque entre las dos órdenes tomó la forma de lucha etno-religiosa y radicalizó aún más a los musulmanes otomanos.

La destrucción del ‘viejo orden’ y el choque de intereses a lo largo de líneas etno-religiosas

Los acuerdos comerciales firmados con las potencias europeas después de 1838 y la integración capitalista del Imperio Otomano pusieron a los musulmanes otomanos en desventaja. El motivo fue que los comerciantes musulmanes se mantuvieron fuera de los negocios en Europa debido a su identidad religiosa. Las clases rurales, mercantiles y artesanales musulmanas fueron marginadas a medida que cristianos y judíos otomanos importaban productos europeos baratos. 

Como tal, la sociedad musulmana en el Imperio Otomano se desestabilizó. Decenas de miles perdieron sus trabajos y posiciones tradicionales en la movilidad social. Los musulmanes estaban desempleados o empleados entre los rangos y salarios más bajos. Los europeos fueron en parte responsables al diseñar esta estructura socioeconómica iniciando proyectos dentro del Imperio, contratando mano de obra barata musulmana controlada por gerentes no musulmanes altamente remunerados. Esto incrementó la brecha socio-económica religiosa en el imperio.

La etapa inicial del conflicto de clases se dio en el interior. Allí, los actores económicos y la élite con conexiones políticas se enfrentaron por la tierra y la agricultura comercial a principios del siglo XIX debido a los esfuerzos estatales por centralizar el imperio. En Anatolia, estos esfuerzos consolidaron el conflicto entre el campesinado —en su mayoría armenio—, los terratenientes musulmanes —en su mayoría kurdos— y los comerciantes no musulmanes —en su mayoría griegos y armenios—.

El reemplazo del antiguo orden feudal descentralizado por regulaciones estatistas y centralizadas suscitó el antagonismo de los líderes tribales kurdos nómadas que se beneficiaban de los ingresos de la tierra. Como resultado, cambiaron su ‘negocio’ imponiendo impuestos adicionales a los campesinos armenios. Los obligaron a pagar impuestos a cambio de ‘defenderlos’ o de no atacarlos. Los campesinos armenios se vieron obligados a proporcionar comida y refugio a los pastores kurdos. Dado que el Estado otomano también exigía impuestos, los campesinos armenios pagaban dos veces. Después de 1890, cuando el sultán Abdul Hamid II creó el regimiento Hamidiye, la situación empeoró a medida que más kurdos extrajeron más impuestos a los armenios con impunidad.

La situación se estaba volviendo insoportable para los campesinos armenios del este de Anatolia —también conocida como las Tierras Altas armenias—. Estos se quejaban amargamente de los jefes tribales kurdos que tomaron sus tierras ilegalmente y exigieron trabajo no remunerado e impuestos arbitrarios mientras las tribus kurdas atacaban y saqueaban. 

Las acciones kurdas fueron vistas como la venganza por la Ley de Reforma Agraria de 1858. Por medio de la mencionada ley, armenios en el este de Anatolia comenzaron a recuperar sus tierras perdidas comprándolas junto a posesiones adicionales, a menudo, a turcos y kurdos endeudados. A medida que muchos armenios se convirtieron en tenedores de deudas y prestamistas, muchos musulmanes deudores perdieron sus propiedades. En 1871, el cónsul británico en el puerto de Trebisonda, en el Mar Negro, reportó que Anatolia se estaba endeudando, lo que significaba caer en manos de los tenedores de deudas armenios. De acuerdo a su informe, el campesinado musulmán de Anatolia era exprimido por un conjutno de tasas de interés de entre 24% y 60%, cobrado por prestamistas armenios. Como resultado, en muchos casos, perdían la propiedad de sus tierras ante los armenios.

Todos estos factores empujaron a los musulmanes a cuestionar las reformas y dirigir su rechazo hacia los súbditos cristianos, vistos como ‘instrumentos europeos para controlar el imperio’. El hecho de que fueran cristianos —griegos y armenios— o judíos significó que la cuestión de clase se entrelazó con la religión y la etnia. Los musulmanes comenzaron a responsabilizar a los cristianos otomanos por el colapso del antiguo orden y por estas nuevas regulaciones al deshacer los privilegios musulmanes. Desde una perspectiva económica, los intereses musulmanes se opusieron a la intrusión del capital europeo y al ascenso de clases no musulmanas.

Durante esta era no fue una coincidencia que la élite gobernante musulmana otomana comenzara a enfatizar la identidad islámica del Estado. Esta fue una reacción directa a la creciente burguesía cristiana. Hubo llamamientos populares para volver a una aplicación más estricta de la ley islámica —Sharia— la cual favorecía a los comerciantes y artesanos musulmanes. 

Así, se perfilaba en el horizonte un conflicto religioso de origen social y económico. Las autoridades otomanas eran conscientes de que la frustración existente entre la clase trabajadora musulmana por la desigualdad económica se expresaba en términos culturales y religiosos, ya que las comunidades económicamente privilegiadas tenían una perspectiva cultural ‘occidental’. Este argumento fue utilizado por las fuerzas conservadoras y reaccionarias para bloquear cualquier reforma impuesta por las autoridades centrales.

Por lo tanto, las autoridades preocupadas por la creciente influencia económica de la burguesía no musulmana debieron favorecer el surgimiento de una clase media musulmana fuerte. Su fin era ‘liberar’ al imperio de los elementos no musulmanes que estaban acumulando dinero con el ‘objetivo’ de llegar al poder a través de la ‘reforma’. 

Después de 1909, los Jóvenes Turcos abandonaron su política oficial de enmiendas y continuaron la política de Abdul Hamid II de buscar aliados políticos entre la clase media musulmana mientras participaban en boicots económicos. Estos fueron dirigidos principalmente contra los comerciantes griegos para desafiar su presencia hegemónica en ciudades cosmopolitas como Esmirna —Izmir— y Constantinopla. Después de las guerras de los Balcanes, acusaron a los griegos de deslealtad y decidieron quebrantar los intereses comerciales no musulmanes, fomentando el surgimiento de comerciantes musulmanes en las ciudades portuarias.

Sin embargo, silenciar a una clase media armenia altamente politizada no fue fácil.La clase media griega, estaba concentrada principalmente en Constantinopla, Esmirna y Trebisonda. A diferencia de esta última, la burguesía armenia estaba dispersa por todo el imperio, desde la capital hasta Cilicia, desde Siria hasta las fronteras orientales del imperio. Además, los misioneros desempeñaron un papel crucial en la formación de la clase media educada en Armenia al presentarles nuevas ideas, innovaciones y sistemas de atención médica efectivos, algo de lo que carecían los musulmanes otomanos.

Una foto de 1918 de una iglesia armenia en Trebisonda, que se utilizó como sitio de subastas y centro de distribución de bienes y pertenencias confiscadas después del genocidio armenio. Fuente: Uğur Ümit Üngör y Mehmet Polatel, Confiscación y destrucción: La incautación de los de la propiedad armenia por lo Jóvenes Turcos (2011), p. 74

Los misioneros y las raíces sociales del resentimiento hacia los armenios

La historia social del Imperio Otomano se transformó como resultado de las actividades misioneras cristianas. Las actividades misioneras, privadas y organizadas, en el Imperio Otomano se remontan al siglo XVI y se intensificaron en el siglo XVIII con la apertura a Europa. Estos misioneros establecieron escuelas, imprentas, hospitales y otras instituciones que ayudaron a formar una clase media cristiana —principalmente armenia— bien educada en el imperio. Se implementaron programas que tuvieron un impacto en los cristianos, que se estaban volviendo visiblemente más saludables, sin mencionar más ricos y mejor educados que algunos musulmanes. Por estas razones, sus actividades siempre fueron vistas con sospecha por las autoridades y figuras religiosas musulmanas.

En las Tierras Altas armenias, la exposición de la población a las escuelas misioneras la colocó por delante de los musulmanes en la alfabetización masculina y femenina. También, su conocimiento de la higiene y el acceso a la atención médica les permitió a sus hijos evadir las enfermedades a tasas mucho más altas que los kurdos. Según el cónsul ruso, antes de la Primera Guerra Mundial, aproximadamente la mitad de los bebés kurdos en las aldeas solían morir al nacer debido a la falta de asistencia médica. El otro 30% lo hacía antes de los tres años de edad por enfermedades endémicas como la viruela, escarlatina, fiebre tifoidea o picaduras de serpientes e insectos. Los armenios, por el contrario, sobrevivían a enfermedades infantiles. La conciencia de estas discrepancias en el bienestar puede haber contribuido al resentimiento anti-armenio.

Además, los armenios estaban expuestos a nuevas ideas políticas sobre la libertad, el socialismo y la independencia que preocupaban a las autoridades. Para contrarrestar este fenómeno, el sultán Abdul Hamid II dio prioridad a la creación de escuelas públicas en las provincias de Anatolia. Aspiraba a crear una clase media musulmana para reemplazar a los cristianos bien educados y proporcionar al Estado otomano una base social etnoreligiosa confiable. Cuando fue derrocado por los Jóvenes Turcos en 1909 —un movimiento de clase media nacionalista y secular cuyos miembros irónicamente debían su ascenso social y educación al sultán derrocado— este objetivo de fomentar una clase media profesional musulmana había sido un éxito. 

Además, Abdul Hamid II, motivado por su ideología panislamista, favoreció a la amplia red de la orden sufí Naqshbandi que construyó una unidad religiosa. Asimismo, tenía un fuerte potencial de movilización, un enfoque pro-estatal y una posición anticristiana, entre los musulmanes, especialmente los kurdos. Con el apoyo público, la orden abrió escuelas en áreas tribales, alentó a los niños musulmanes a asistir a las mezquitas, dando lugar a una generación musulmana educada y leal al Estado.

La orden de incautación de escuelas armenias fue enviada por el Ministerio del Interior otomano a todas las provincias del imperio. Con fecha del 2 de septiembre de 1915, el ejemplo que se muestra arriba fue enviado desde el Departamento de Asentamiento de Tribus y Refugiados del Ministerio del Interior al director de la sede de Kayseri de la comisión de propiedades abandonadas. Fuente: Kevork K. Baghdjian, “The Confiscation of Armenian properties by the Turkish Government Said to be Abandoned” (2010), p. 477.

Al educar a los musulmanes en las áreas limítrofes, el objetivo principal del Estado era asegurar su lealtad. Es interesante que, a partir de 1889, el Estado otomano abrió escuelas tribales en provincias sensibles en la frontera, con la intención de comprar la fidelidad de las élites de la próxima generación convirtiéndolas en burócratas de rango medio. Para asegurar la adhesión de las tribus fronterizas y alentar a sus líderes a enviar a sus hijos a estas escuelas, Abdul Hamid II otorgó medallas imperiales y envió túnicas de honor a los jefes tribales.

Cuando Abdul Hamid II fue derrocado en 1908, la clase media musulmana ya estaba organizada: una clase media turca nacionalista y secular compuesta por oficiales militares y burócratas; y una clase media de orientación religiosa en las áreas fronterizas del imperio. Estas dos clases sumadas a los refugiados musulmanes de los Balcanes más tarde formaron la columna vertebral de la clase media turca moderna establecida sobre las cenizas de la burguesía armenia y su capital.

La guerra de clases, el camino hacia el genocidio y el surgimiento de la burguesía turca moderna

La Revolución de los Jóvenes Turcos de 1908 fue una revolución burguesa contra un Estado reaccionario. Esto dividió a la clase media turca entre un bando ‘secular nacionalista’ — a menudo apoyado por los militares—, y uno conservador —a menudo apoyado por los escolares religiosos—. A pesar de ello, su animosidad hacia la clase media no-musulmana y su determinación de destruirla fueron factores unificadores que jugaron un rol crucial durante el genocidio.

Para los musulmanes conservadores, esta nueva era de orden constitucional posterior a 1908 amenazó su relación tradicional con los armenios. La tecnología también jugó un papel una vez que los armenios introdujeron innovaciones en la agricultura, como arados y trituradoras a vapor y segadoras. Todos estos avances empeoraron el sustento de los agricultores musulmanes. 

El campesinado musulmán, temiendo su futuro económico y a menudo desconfiado de la revolución, intentó apoyar un movimiento contrarrevolucionario en 1909. Atacaron a los armenios, acusándolos de apoyar la revolución de 1908. Una de las mayores masacres tuvo lugar en Adana, el centro económico de Cilicia. El 25 de abril de 1909, el New York Times publicó un artículo titulado ‘La riqueza armenia provocó masacres’. La pieza argumentó que unos 60.000 agricultores musulmanes, dependientes del trabajo estacional cerca de Adana, estaban entre los agitadores de la masacre. Aunque el gobierno de los Jóvenes Turcos reprimió el movimiento contrarrevolucionario, intencionalmente no intervino y vio cómo se incendiaba el centro de la clase media armenia en Cilicia.

La destrucción de Adana fue la última alarma para la clase media armenia. Sin embargo, lo que los armenios no pudieron prever fue la amenaza de la afluencia de refugiados musulmanes a su territorio. Ya en 1859, el Estado otomano estableció una ‘Comisión Administrativa General para Migrantes’ con el fin de reasentar a los refugiados musulmanes en el imperio a través de una política centralizada y planificada. Los refugiados caucásicos y más tarde balcánicos —después de las guerras de los Balcanes de 1912-1913— se convirtieron en participantes de los esfuerzos otomanos por establecer un mayor control sobre el territorio político más desafiante del imperio. Estos refugiados —200.000 procedentes del norte del Cáucaso y alrededor de 400.000 de los Balcanes— mostraron total lealtad al Estado otomano.  Además fueron relocalizados en regiones cristianas, a menudo guiados por el odio hacia los cristianos. Esto jugó un papel importante en las masacres de cristianos otomanos y el saqueo de sus propiedades en la década de 1890. 

Según el intelectual nacionalista turco Halide Edip: “el gran número de turcos balcánicos, refugiados que llegaron a Constantinopla y Anatolia con sus relatos espeluznantes y siniestros de martirio y sufrimiento a manos de los cristianos balcánicos (…) despertaron una curiosa simpatía por todo lo que era turco en esos días”.

Lo que muchos historiadores que abordaron el tema de los refugiados balcánicos no mencionaron es que en los Balcanes la situación era completamente diferente a la de Anatolia. En el primer caso, la propiedad de la tierra estaba principalmente en manos de musulmanes, quienes controlaban grandes propiedades cultivadas por campesinos cristianos. Los terratenientes musulmanes de repente se vieron derrocados por sus campesinos cristianos. Por lo tanto, cuando se establecieron en Anatolia, vieron a los campesinos cristianos armenios como una amenaza y sintieron que debían vengarse por su sufrimiento en los Balcanes. Trajeron consigo tensiones etno-religiosas y reavivaron las antiguas. Vale mencionar que los campesinos balcánicos proporcionaron una base sólida para el nacionalismo eslavo. Así, los agricultores armenios fueron vistos como una continuación o extensión de ‘los malvados cristianos’ y ‘los campesinos rebeldes’.

Según Halil Karaveli, después de las guerras de los Balcanes los turcos temían la ‘extinción física’. Muchos líderes del Comité de Unión y Progreso (CUP) gobernante también eran de origen balcánico, entre ellos Mustafa Kemal Ataturk. Desplazados de sus ciudades de origen, llegaron a la conclusión de que no tendrían futuro en un Estado otomano multiétnico y que debían crear una entidad turca homogénea. 

El gobierno del CUP estaba alarmado de que ante el avance de las tropas rusas, los armenios se levantarían y arrebatarían la tierra fértil y económicamente significativa del este de Anatolia, y anexándola al Imperio Ruso. El CUP se involucró en lo que vio como una lucha por la supervivencia étnica turca e hizo preparativos para forjarse un refugio seguro mediante la destrucción del elemento cristiano no turco del imperio. Curiosamente, Karl Marx y Fredrich Engels vieron venir este escenario, al predecir que los otomanos no serían capaces de retener los Balcanes y se verían obligados a hacer de Asia Menor y Armenia su último bastión.

Por lo tanto, a medida que los refugiados musulmanes llegaban a Anatolia, para el gobierno del CUP el concepto de eliminar comunidades particulares para garantizar un perfil étnico más deseable adquirió otra justificación: las propiedades de los deportados podrían redistribuirse entre las comunidades de refugiados musulmanes desfavorecidos. Esta fue una de las primeras razones detrás de las primeras deportaciones de armenios a partir de 1915. 

El 6 de enero de 1916, Talaat Pasha, el Ministro del Interior del Imperio Otomano, decretó que: “Los bienes muebles dejados por los armenios deben conservarse para su preservación a largo plazo, y en aras de un aumento de las empresas musulmanas en nuestro país, es necesario establecer empresas compuestas estrictamente por musulmanes”. Tras el decreto, las escuelas privadas armenias fueron convertidas en escuelas turcas otomanas y se distribuyeron útiles escolares a la población musulmana turca. Abraham Harutiunian, un sacerdote que vivió en Zeitun, escribió en sus memorias que la escuela allí fue confiscada por el gobierno: “los armenios ya no tienen derecho alguno a la educación y el campus ahora se hallaba lleno de cientos de niños turcos”.

Las confiscaciones que completaron el Genocidio proporcionaron la ‘dote’ para la fundación capitalista del nuevo Estado de Turquía. Tras el fin de la Primera Guerra Mundial, la burguesía cristiana ya no estaba al mando de la economía otomana. El ochenta por ciento de las fábricas en 1913, que habían sido propiedad de no-musulmanes, fueron confiscadas y entregadas a musulmanes —principalmente familias turcas influyentes—. 

Los Jóvenes Turcos estaban decididos a continuar con el proyecto de crear una clase media turca musulmana que Abdul Hamid había comenzado antes. En su mente, el capitalismo y la creación de una clase capitalista estaban entrelazados con el destino del Estado homogéneo recién formado. Por tanto, su partido, que se basaba en la idea de la supervivencia del Estado turco, dependía de un ‘capitalismo nacional’. Lograron poner en marcha un programa de ingeniería social y política para crear una burguesía que pudiera sobrevivir incluso después de la disolución de su partido. Así, la fuerte burguesía turca emergente estaba asegurando la continuidad de la ideología nacionalista de los Jóvenes Turcos. Entre 1913 y 1914, ellos llamaron a los musulmanes a boicotear las tiendas armenias y griegas. 

Al comienzo de la guerra, ofrecieron la oportunidad de desalojar a la burguesía cristiana y redistribuir su riqueza a una burguesía turca musulmana. Fue una guerra de clases exitosa. Abrió el camino para el surgimiento de la Turquía moderna; un Estado con una ‘economía nacional’ controlada por una ‘burguesía nacional’.

Conclusión

No hay duda de que la economía capitalista del nuevo Estado turco se fundó sobre el saqueo de los armenios otomanos. Este caso ilustra perfectamente las palabras de Karl Marx : “el capital nace cubierto de sangre y lodo”. Los ahorros de los cristianos otomanos, así como sus empresas comerciales, tiendas de artesanía, propiedades agrícolas e industrias, fueron expropiados por el Estado y entregados a personas musulmanas de clase media confiables que formarían el grueso de la burguesía turca en el país en la era republicana.

El valor de la propiedad armenia perdida se cuenta en miles de millones. Hay claros ejemplos ilustrativos de este hecho. Turquía es el principal productor mundial de avellanas y controla el 75% de la producción mundial. Antes del Genocidio, la producción de avellanas era en gran parte un negocio armenio. Según las estadísticas otomanas, más de la mitad de los aproximadamente 100 productores de avellanas del imperio eran armenios. Lo mismo ocurrió con la industria del algodón. Turquía es hoy el séptimo productor mundial de algodón en el mundo. Antes del Genocidio, Cilicia era el centro de la industria algodonera del imperio.

Los republicanos lucharon duro para recuperar Cilicia de manos de los franceses, conscientes de su importancia económica para el futuro de la República. En 1923, cuando Mustafa Kemal visitó Adana, pronunció un discurso en el que dijo: “Los armenios no tienen el menor derecho a esta tierra fértil. Esta tierra pertenece a los turcos y permanecerá por la eternidad. Estas tierras son la esencia profunda y fundamental de Turquía”.

El 11 de junio de 1986 se derogaron las leyes relativas a las propiedades ‘abandonadas’ durante el Genocidio Armenio, poniéndoles fin después de 73 años. A lo largo del período republicano, estas regulaciones continuaron proporcionando una base legal para las propiedades armenias confiscadas que aún no habían sido redistribuidas a turcos. 

Aunque las leyes fueron abolidas, la ‘Dirección General de Registro de la Propiedad y Catastro’ emitió una orden el 29 de junio de 2001 que transfirió efectivamente todas las propiedades ‘abandonadas’ sobrantes al gobierno. La orden también prohibió la divulgación de cualquier información relacionada con el título o la documentación de las propiedades. Como resultado, los propietarios armenios y griegos o sus herederos no pueden reclamar la propiedad, encontrándose ahora firmemente sancionada por la ley y convertida en propiedad de la República turca.

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Yeghia Tashjian es Magíster en Política Pública y Asuntos Internacionales por la Universidad Americana de Beirut. En 2010 fundó el sitio New Eastern Politics. Además, actualmente se desempeña como consultor experto en Medio Oriente para el Catalonia Global Institute.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por New Eastern Politics el 21 de abril de 2021.

Referencias

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