Una estrategia apenas velada: la cooptación de lideresas religiosas por Asad

Por Rahaf Aldoughli para Middle East Institute (MEI)

Sin título [Fuente desconocida]

Semanas atrás, las redes sociales sirias se alborotaron por un breve video que mostraba a la famosa erudita religiosa (daayyah, su forma plural es daayyat) y al partidario del régimen sirio Khuloud Suruji. [1] El video la muestra orando e instando a los sirios a volcarse hacia Alá mientras enfrentan la crisis económica actual, provocada por las sanciones estadounidenses implementadas recientemente como parte de la Ley César. La breve filmación muestra la extravagante quinta y piscina de Suruji en una zona elegante de Damasco llamada Yaafur. La sociedad siria usó las redes sociales para expresar su disgusto porque una daayyah que disfruta de un estilo de vida extravagante en su quinta pueda sermonearlos sobre cómo enfrentar las dificultades económicas. Si bien algunos espectadores criticaron la desigualdad entre los eruditos religiosos y el resto de la población siria que vive en áreas controladas por el régimen, una pregunta no fue abordada en gran medida: ¿Cómo Asad y el régimen baazista, movilizaron y manipularon a las eruditas religiosas durante la guerra civil siria? La publicidad dada a Khuloud Suruji y otras daayyat por un régimen que respalda una ideología socialista laica fue parte de una campaña para manipular y movilizar a las mujeres eruditas religiosas desde 2011.

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Como otros regímenes autoritarios, el gobierno del Partido Baaz se esforzó por establecer su legitimidad mediante algo más que la fuerza militar. Para este fin, el Estado baazista fundamentó su derecho a gobernar utilizando diversos recursos ideológicos seculares y religiosos. El régimen se basó en fuentes opuestas de legitimidad ideológica, oscilando entre la cooptación de instituciones religiosas y la imposición de la ideología secular baazista. En el proceso, comprometió los derechos y el estatus de las mujeres en las esferas pública y privada.

A pesar de su secularismo nominal, para asegurar su legitimidad y supervivencia el régimen del Baaz cooptó y se alió con patriarcas de diferentes bases sociales religiosamente conservadores, así como tribales y sectarios, para asegurar su legitimidad y supervivencia. [2] Esta búsqueda de apoyo entre las diversas comunidades sirias se produjo a expensas de los derechos de las mujeres. Un ejemplo de ello es la resistencia del régimen a cambiar o reformar el Código Penal sirio, promulgado en 1949 con las leyes francesas e islámicas como sus principales fuentes. La principal forma en que estas leyes restringen las libertades de las mujeres es imponiendo obstáculos en sus decisiones de vida. [3] Aunque el Estado baazista es oficialmente laico, nunca implementó el matrimonio civil. Esta falta limita el derecho de las mujeres a elegir pareja y las mantiene encerradas en roles tradicionales definidos por su posición dentro de grupos étnicos o sectarios. Al reforzar las estructuras familiares culturales y religiosas tradicionales, el Estado comprometió los derechos de las mujeres para satisfacer a los elementos sunitas tradicionalistas. Entre otros medios, utilizó estas disposiciones relativas a la ley de estatus personal para controlar la identidad política de las mujeres y legitimar el espíritu de protección masculina. Como tal, el Estado sirio se vio envuelto en contradicciones en lo que respecta a las temáticas de la mujer. Muestra el empoderamiento de las mujeres como pieza central de su ideología socialista modernizadora, al mismo tiempo que preserva las estructuras patriarcales dentro de la ley.

La relación entre el Estado y la religión, y la renuencia del régimen a promover los derechos de las mujeres, comenzaron en la década de 1980. En ese entonces, el régimen baazista intentó aliarse con grupos que representaban una forma de ‘islamismo’ sunita, que a menudo promulga posturas conservadoras sobre el papel de la mujer en la sociedad. El apoyo inequívoco que recibió el entonces Presidente Hafez Al Asad (1930-2000) de los ulama (eruditos islámicos, en singular alim) como Mohammad Ramadan Al Bouti, Ahmad Kuftaru y Ahmad Rajab también llevó al Estado a reforzar una percepción tradicional de las mujeres como subordinadas. El establecimiento de esta alianza reforzó la legitimidad del régimen como una secta minoritaria que gobernaba a una mayoría sunita. Al mismo tiempo, esta cooptación de los ulama sunitas sirvió de contrapeso a la Hermandad Musulmana y su atractivo para la mayoría sunita. Este enfoque continuó bajo el gobierno de Bashar Al Asad. Él respaldó a un controvertido movimiento de mujeres islamistas al mismo tiempo que reprimió a las organizaciones que defendían los derechos de las mujeres de una manera que trascendiera las divisiones sectarias.

Tras el levantamiento de 2011 y la crisis de legitimidad del régimen, Asad movilizó a los ulama y empleó la retórica religiosa. [4]Asad atacó a los manifestantes enfatizando la religiosidad del Estado, lo que socavó las afirmaciones de que las protestas, dirigidas desde las mezquitas, eran un ataque contra un Estado antirreligioso. En un discurso dirigido a los ulama en 2014, confirmó la religiosidad del Estado al enfatizar que este siempre había preservado la identidad islámica de la nación al aplicar la sharia sobre la ley de estatus personal.

La formación del “Departamento de predicación para mujeres” (Al Daawah al Nisaiyyah)

Después del estallido de la rebelión de 2011, el régimen baazista le dio a la religión mayores beneficios e importancia en la narrativa estatal oficial. Esta movilización de retórica religiosa, también incorporó un tono aparentemente ‘feminista’ de Asad. [5] Luchando por la supervivencia política, Asad se mostró muy dispuesto a expandir la autoridad de las instituciones religiosas para su propia conveniencia política. [6] Presentó al Estado como una extensión y defensa de la ‘verdadera’ comunidad islámica: “Construir esta confianza entre el Estado y las instituciones religiosas es algo básico para desafiar a quienes quieren promover el conflicto y destruir el islam”, expresó. [7] Sin embargo, al aceptar este patrocinio estatal creciente, las instituciones religiosas deben mostrar lealtad al régimen y distanciarse de otros aliados.

Para garantizar la lealtad de las mujeres predicadoras, Asad lanzó Al Daawah al Nisaiyyah (el Departamento de Predicación para Mujeres) en una reunión de enero de 2015 que incluyó varias daayyat. Él describió a la iniciativa como un empoderamiento de la mujer largamente esperado dentro de la esfera religiosa. En un tono aparentemente ‘feminista’, hizo alusión a cómo la daawah (predicación) estuvo por mucho tiempo dominada por ulama masculinos. También, criticó cómo los términos utilizados para describir a los dos géneros son discriminatorios. [8] Sin embargo, el verdadero propósito de la reunión no era empoderar a las daayyat en las instituciones religiosas, como el Ministerio de Awqaf (bienes y donaciones caritativas religiosas), sino más bien cooptarlas. La misma descripción que Asad hizo del Al Daawah al Nisaiyyah revela cómo es utilizado para fortalecer al Estado: “Esta no es una institución religiosa en el sentido abstracto (…) sino una institución nacional. Ustedes representan una [única] daawah religiosa pero ahora [también] una daawah nacional (…) no es lógico separar a la religión de la patria (watan)”, declaró Asad.

Este tipo de retórica reafirma el apoyo estatal para estas daayyat. Anteriormente, el régimen baazista mantuvo una actitud de confrontación hacia ellas, obligándolas a permanecer en la clandestinidad. En cambio, a partir de 2006, el Estado buscó regularlas, colocando sus lecturas en mezquitas bajo supervisión estatal. [9] Asad utiliza a las daayyat como parte del proyecto estatal para contener el disenso y luchar contra el extremismo. Como él mismo dijo: “La gente al principio pensaba (…) que las escuelas islámicas eran la fuente de nuestro problema. Que estas escuelas islámicas causaban el extremismo (…) Sin embargo, trascendimos este debate (…) ahora la gente sabe que nuestro problema no es el sectarismo (…) el problema de (los críticos del sectarismo) es con la verdadera religión (din) o el verdadero creyente”. [10] Con su ataque a los críticos del sectarismo, Asad pretendía condenar a los clérigos que se mantuvieron neutrales durante la guerra civil.

Modernizar al islam mediante el reclutamiento de las daayyat

En un discurso de 2017, [11] Asad anunció la formación del Grupo Religioso Juvenil. Es parte de su proyecto para ‘modernizar’ a las instituciones sunitas y otorgarles un papel más importante en la vida pública. En su discurso, usó las palabras ‘patriotas’ y ‘ulama’ indistintamente. Tal retórica implica que todos los verdaderos ‘ulama’ son patriotas y que los disidentes no pueden ser líderes religiosos legítimos. La modernización, otro tema clave del discurso, fue equiparada con la ruptura del monopolio patriarcal de los ulama masculinos como únicos representantes del sector religioso. También, declaró que se necesita un nuevo esquema de instituciones religiosas para enfrentar la crisis actual. Para enfatizar aún más la ruptura con las instituciones más antiguas, Asad introdujo una variedad de reformas al Grupo Religioso Juvenil, como la inclusión de mujeres alimat. En su intento por reclutarlas como agentes de su régimen, afirmó que las mujeres son ‘patriotas’ más confiables, menos motivadas por el individualismo y el oportunismo. Tales comentarios se hicieron con el propósito de avergonzar a los ulama masculinos opositores y acusarlos de traidores al islam y a la nación.

La retórica de ‘modernización’ que rodea al Grupo Religioso Juvenil parece diseñada para manipular a las mujeres para que se conviertan en agentes estatales formales que propaguen la retórica del régimen. Este apoyo nominal y egoísta a la igualdad de la mujer se reflejó además en un decreto presidencial que anunciaba el nombramiento de la Dra. Salma Ayyash como la primera mujer Viceministra de awqaf en el mundo islámico y árabe. [12] Presumiendo de su nombramiento, la funcionaria se mantuvo al lado de ulama reconocidos por defender la narrativa estatal de la lucha contra el extremismo y el terrorismo.

Hubo mucha atención en los medios de comunicación y la literatura académica sobre cómo las mujeres sirias desafiaron a regímenes autoritarios, lucharon contra grupos extremistas y yihadistas, e incluso como se unieron a grupos militaristas – por ejemplo, las fuerzas kurdas – para lograr la liberación. No obstante, se presta poca atención a cómo el régimen manipula a las mujeres para sus propios fines, especialmente a las eruditas religiosas. La incorporación oficial de las daayyat en las instituciones religiosas, junto al tono aparentemente ‘feminista’ de Asad, arroja luz sobre cómo los gobernantes autoritarios despliegan una retórica estratégica e ideológica para asegurar su legitimidad.

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La Dra. Rahaf Aldoughli es es profesora de Política e Historia del Medio Oriente en la Universidad de Lancaster. Fue becaria en LSE Middle East Center. Ha escrito artículos para Middle East Journal, British Journal of Middle East Studies, Journal of Middle East Women’s Studies, Contemporary Levant and Syria Studies, entre otras publicaciones.

N.d.T.: El artículo original fue publicado el 2 de diciembre de 2020 por MEI.

Referencias

[1] Syria TV, خلود السروجي على أطلال فيلتها تخطب بالناس. https://www.youtube.com/watch?v=CxbR0hXvZh4

[2] Elham Manea, “The Arab State and Women’s Rights: The Trap of Authoritarian Governance” (Abingdon, Taylor &Francis Group, 2011).

[3] Rahaf Aldoughli, “Interrogating the Constructions of Masculinist Protection and Militarism in the Syrian Constitution of 1973”, Journal of Middle East Women Studies, 15:1, 2017:68. https://doi.org/10.1215/15525864-7273706

[4] Rahaf Aldoughli, “‘Departing Secularism’: boundary appropriation and extension of the Syrian state in the religious domain since 2011”, British Journal of Middle Eastern Studies (2020). DOI: 10.1080/13530194.2020.1805299

[5] Discurso de Bashar Al Asad a los ulama (25 de agosto, 2011). https://www.youtube.com/watch?v=RcJEf2N3BoM

[6] Discurso de Bashar Al Asad ante un grupo de ulama, clérigos, imames y mujeres predicadoras (25 de agosto, 2014). https://www.youtube.com/watch?v=bwTDf-YRGMg

[7] Ibid.

[8] Asad resalta cómo las mujeres que trabajan en la daawah son llamadas daayyat en lugar de alimat (plural de alimah). Afirmó que las mujeres en el sector religioso que trabajaron arduamente, especialmente en la ‘sociedad oriental’ (al mujtama ash sharqi) merecen ser llamadas alimat así como los hombres son nombrados ulama. Este último es un término que denota un conocimiento especializado en islam y teología.

[9] Fue recién en 2006 que el Estado permitió que los qupaisyyat (movimientos islámicos liderados por mujeres) dieran sus sermones en mezquitas después de 40 años de operar en un férreo secretismo. Ver Thomas Pierret, Religion and Statte in Syria: The Sunni Ulama from Coup to Revoltion (Cambridge: Cambridge University Press, 2013), 199.

[10] النص الكامل لكلمة سيد الرئيس المضيئة بأبعادها الائمانية والغكرية والواطنية في لقائه مع الداعيات ١٢ كانون الثني ٢٠١٠، http://mow.gov.sy/النص-الكامل-لكلمة-السيد-الرئيس-المضيئ/

[11] Discurso de Bashar Al Asad al Grupo Religioso Juvenil. https://youtu.be/6XCfWfOoMO8.

[12] سلمى عياش: المرأة الاولى في سورية بمنصب معاون وزير http://syrialife.com/?page=show_det&select_page=3&id=4375