Las seis realidades de Medio Oriente que Biden no puede darse el lujo de ignorar

Por Rami G. Khouri para The New Arab

Joe Biden asumirá cómo Presidente el 20 de enero de 2021 [Getty/The New Arab]

La avalancha de análisis de cómo el Presidente electo Joe Biden abordará las guerras, confrontaciones y otros problemas en Medio Oriente en los cuales está involucrado Estados Unidos seguirá siendo especulativa, a menos que se lleven a cabo tres cosas que todos los gobiernos estadounidenses en el último medio siglo no han podido lograr: captar las realidades subyacentes (y que continúan empeorando) en el terreno de Medio Oriente, reconocer sus causas reales, y diseñar políticas exteriores que sirvan a Estados Unidos, a la gente de la región y, sobre todo, a la paz y estabilidad mundial.

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A menudo escuchamos que los 40 años de experiencia en política exterior de Biden le dan una ventaja sobre otros funcionarios estadounidenses que intentan navegar por nuestra región. Esos 40 años serán más útiles para él si mira hacia atrás y rastrea cómo y por qué las condiciones y tendencias actuales en Medio Oriente cambiaron tanto, incluso desde su vicepresidencia.

Temas como Israel-Palestina, Irán, Turquía, Rusia, las políticas agresivas de Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, los conflictos sectarios y otras realidades actuales se tratan mejor si se entiende que son, en su mayoría, consecuencias de impulsos de cambios más profundos en la región.

Un honesto y exhaustivo análisis de cómo Medio Oriente alcanzó su estado de violencia actual ayudaría a los responsables políticos interesados ​​en cualquier parte de la región o del mundo a elaborar políticas que realmente marquen una diferencia en la vida de las personas. Esto es especialmente cierto en el caso de los ciudadanos de Medio Oriente, cuya sed de dignidad, desarrollo y estabilidad permanece, en gran medida, sin saciar y es ampliamente ignorada por los líderes de Medio Oriente y extranjeros por igual.

Ahora que Biden regresa a la Casa Blanca, presento mi lista que contiene los seis puntos de los impulsores más importantes y consistentes de los eventos de Medio Oriente en la historia reciente. Los seis siguen siendo dinámicas activas, no cuestiones históricas. En orden cronológico, estos son:

1. La ininterrumpida intervención militar extranjera en Medio Oriente desde Napoleón. Hace dos siglos y un cuarto está latente tanto la agitación interna como la ira popular contra las potencias extranjeras. Tal militarismo aumentó significativamente desde el final de la Guerra Fría, hace 30 años, y ahora incluye el militarismo regional (sobre todo por Turquía, Irán, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí e Israel), junto con el de potencias internacionales como Estados Unidos, Rusia, Francia y Reino Unido.

Irak, Siria, Yemen, Somalia, Palestina y Libia son muestras de la destrucción y el sufrimiento humano masivo que esto causa, y este legado continúa e incluso se expande actualmente. Reemplazar la acción militar con la diplomacia y los impulsos de desarrollo económico sería una opción política sensata en todos los ámbitos.

2. El conflicto palestino-sionista y ampliamente árabe-israelí entró ahora en su segundo siglo, y sigue siendo la fuerza política más radicalizadora y desestabilizadora de Medio Oriente. Ayudó a desencadenar el advenimiento de los regímenes militares árabes en las décadas de 1940 a 1970, los cuales devastaron y llevaron a bancarrota a sus propias sociedades, cimentaron regímenes ineficientes y represivos, aumentaron los sentimientos antioccidentales y expandieron los conflictos regionales, incluidas nuevas tensiones iraníes, israelíes y árabes.

Un elemento grave es la falta de respeto hacia los ciudadanos por parte de sus gobernantes en muchas tierras árabes, especialmente cuando algunos de sus líderes deciden normalizar las relaciones con Israel, mientras este último continúa su colonización de tierras árabes. Resolver el conflicto árabe-israelí y palestino-sionista de manera equitativa, de acuerdo con los deseos y necesidades de la gente de la región en lugar de un puñado de autócratas, es una prioridad importante para cualquiera que busque promover la estabilidad y la dignidad en la región para todos sus habitantes.

3. Juntos, el militarismo extranjero y el conflicto árabe-israelí generaron un legado moderno de regímenes árabes autoritarios y autocráticos que necesitaban apoyo extranjero para sobrevivir. Los regímenes crueles e incompetentes también fueron fracasos en el desarrollo de los países al devastar las economías nacionales, lo que llevó, finalmente, a que los hombres y mujeres árabes más brillantes (y algunos iraníes, turcos e incluso israelíes) a emigrar. La autocracia de Medio Oriente debe eliminarse si queremos poner fin a las guerras y la desesperación de nuestra región.

4. Debido a los tres factores anteriores, los 440.000.000 de habitantes de la región árabe en la actualidad son en su mayoría económicamente pobres, vulnerables y políticamente marginados e impotentes. La pauperización constante de las clases medias árabes desde la década de 1990, agravó todas las tendencias destructivas actuales, inclusive los conflictos sectarios y étnicos, los levantamientos civiles masivos, la emigración, el desplazamiento y el refugio a gran escala de millones de familias desesperadas.

Este factor también endurece a los ya viciosos regímenes autoritarios quienes responden a las expresiones de descontento y reclamo de derechos de los ciudadanos con mayor violencia estatal, arrestos e intimidación a manifestantes pacíficos.

5. Por estas tendencias, en los últimos años estallaron en la región árabe y partes de Irán e Israel sostenidas protestas ciudadanas contra sus cada vez más autocráticos líderes.

La región árabe, en particular, es testigo de continuas protestas en una docena de países desde 2010: sólo Túnez transitó hacia una democracia pluralista y Sudán se encuentra en medio de una delicada transición de tres años. La evidencia de las encuestas confirma el enorme descontento crónico que los ciudadanos tienen hacia las instituciones estatales como los Parlamentos y los poderes Ejecutivo y Judicial, pero también hacia los medios de comunicación. Los ciudadanos y sus autoridades gubernamentales están cada vez más distantes entre sí, lo que hace que algunos Estados sean más frágiles.

6. Los países y pueblos árabes sufren la peor de las indignidades al estar sometidos a las fuerzas mencionadas anteriormente, tanto que algunos comenzaron a desmoronarse como Estados soberanos, al menos, en dos dimensiones clave. En primer lugar, muchos perdieron el control sobre la mayor parte de sus fronteras y tierras, como Siria, Irak, El Líbano, Palestina ocupada por Israel, Yemen, Somalia, Libia, el Kurdistán iraquí y el sur de Sudán, por mencionar solo los más flagrantes. Mientras los actores no estatales toman el control de algunas regiones autónomas por fuera del control del gobierno central, las potencias extranjeras también hacen la guerra a voluntad en el país, de manera directa o mediante representantes locales.

En segundo lugar, no pueden tomar decisiones plenamente soberanas relacionadas con su seguridad nacional. La mayoría de los países árabes, por ejemplo, deben obtener la aprobación de Israel para comprar armas estadounidenses avanzadas. Otros, la aprobación de Irán, Turquía o Rusia para sus movimientos militares o diplomáticos. Estos y otros ejemplos representan una des-soberanización de importantes dimensiones de la vida nacional en los países árabes. Por ello, se trata, probablemente, de un tema prioritario para cualquier persona que busque involucrarse en la región.

En resumen, la Administración Biden y otras potencias extranjeras que miran el turbulento Medio Oriente harían bien en parar, por un momento, de enfocarse en la industria nuclear de Irán, el terrorismo, las expansiones de milicias no estatales, los flujos de refugiados y otras realidades importantes, y, en su lugar, intentar comprender cómo llegamos a esta situación y cómo podemos salir de ella. Esto es lo más importante porque los seis factores que describí anteriormente continúan devastando nuestros países, donde las condiciones empeorarán aún más debido a la pandemia de COVID 19, el bajo precio del petróleo y el estancamiento económico.

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Rami G Khouri es Director de Global Engagement, investigador principal de políticas públicas en la Universidad Americana de Beirut e investigador principal no residente en la Escuela Harvard Kennedy.

N.d.T: El artículo original fue publicado por The New Arab el 13 de noviembre de 2020.