Comercio, seguridad alimentaria y estabilidad en el Golfo y el Norte de África

Por Amal Kandeel para Middle East Institute

[Foto por Aziz Shah/AFP/Getty Images]

Es fácil pasar por alto el hecho de que la seguridad alimentaria podría ser un tema de preocupación en el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG). Después de todo, sus Estados miembros tienen algunos de los niveles de ingresos per cápita más altos del mundo. Los suministros de alimentos en el Golfo son normalmente abundantes y estables. Sin embargo, si se interrumpieran, podrían generar desafíos para la seguridad alimentaria y una cadena de consecuencias adversas para la seguridad civil, tanto en el CCG como en otros países de Medio Oriente y Norte de África (MENA). Este riesgo no debe descartarse, no solo porque el impacto directo en seguridad es importante por derecho propio, sino también por las posibles implicancias.

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La seguridad alimentaria es en realidad una preocupación constante en el CCG, y mantenerla es una cuestión de política estatal, vinculada tanto a la seguridad nacional, como a la estabilidad social.

Las limitaciones ambientales en la producción agrícola y el rápido crecimiento económico-demográfico produjeron una dependencia casi total de los mercados internacionales para el suministro de alimentos. Este fenómeno se unió a una fuerte dependencia de los ingresos por exportaciones de hidrocarburos. Por lo tanto, la seguridad alimentaria de la región está profundamente expuesta a las condiciones externas en dos importantes mercados internacionales de productos básicos, propensos a las fluctuaciones y a la volatilidad en los precios.

Por otra parte, cuando los precios de los hidrocarburos caen durante un periodo prolongado, los balances externos y fiscales de los países del CCG se debilitan. Como resultado, se podría reducir el gasto público que garantiza la estabilidad y asequibilidad de los suministros alimentarios, junto con otras medidas de apoyo al costo de vida. 

Esta combinación de hidrocarburos y recursos alimentarios, ambos indisolublemente vinculados al comercio, afecta las condiciones de seguridad alimentaria en los países del Golfo.

Cuellos de botella marítimos: Estrechos de Ormuz y Bab Al Mandab

Además, gran parte del comercio que es fundamental para las economías, la seguridad alimentaria y la estabilidad del CCG depende de dos de los puntos de estrangulamiento del transporte marítimo más importantes del mundo: Ormuz y Bab Al Mandab. Según la Administración de Información Energética de Estados Unidos, en 2016, de todos los hidrocarburos líquidos comercializados por vía marítima alrededor del 20% pasó por el primero y el 5% por el último.

La mayoría de las exportaciones de hidrocarburos líquidos del CCG se dirigen hacia el este, a los mercados de Asia, y en el caso de Arabia Saudí, a América también, viajando a través del Estrecho de Ormuz. 

Las materias primas clave recorren el camino en sentido contrario. De las importaciones totales del CCG de trigo y cereales de América, Europa y el Mar Negro, alrededor del 39% transita por el estrecho de Bab Al Mandab y el 35% pasa por Ormuz, mientras que el 81% de las compras de arroz se envían a través de este último.

Los países del CCG tienen seguridad alimentaria a nivel nacional porque no se obstaculiza el comercio internacional a través de estas vías fluviales. Si esto cambiara, por ejemplo, en el caso de un conflicto entre Estados Unidos e Irán, podría crear desafíos en esta materia que, si se prolongan, eventualmente se convertirían en crisis.

Los riesgos para la seguridad alimentaria no son uniformes en el CCG debido a la distribución desigual de la riqueza. Una décima parte de la población gasta más del 30% de sus ingresos en alimentos. 

Los inmigrantes representan gran parte de la población en la región: 88% en Emiratos Árabes Unidos, 74% en Kuwait, 76% en Qatar, 51% en Bahréin, 41% en Omán y 32% en Arabia Saudí. Muchos son trabajadores pobres y poco cualificados del este y sudeste asiático, así como de otros países árabes. No tienen acceso a los sistemas de apoyo financiero que tienen los nacionales y son particularmente vulnerables a los aumentos repentinos de los precios en alimentos por costos de envío e interrupciones del suministro.

Para abordar este problema, los países del CCG invirtieron mucho en reservas estratégicas de alimentos. La mayoría de las instalaciones de almacenamiento de cereales regionales se encuentra en Arabia Saudí, y estas reservas pueden liberar suministros durante una grave escasez de importaciones. 

En caso de un aumento en los precios de los alimentos, debido a preocupaciones sobre la seguridad del transporte marítimo a través del Estrecho de Ormuz o una interrupción temporal debido a las hostilidades militares, los países del CCG también podrían aplicar medidas fiscales y monetarias para aliviar las presiones de los precios para los consumidores.

Las alternativas son limitadas e inadecuadas para una crisis prolongada

En este momento, son especialmente preocupantes los riesgos emergentes vinculados al reciente sabotaje petrolero en el Golfo de Omán, que se produce en un momento de riesgos elevados para el transporte marítimo a través del Estrecho de Bab Al Mandab debido al conflicto en Yemen. Por lo tanto, los niveles de riesgo comercial en las dos principales rutas marítimas de las que depende la región son ahora elevados y las alternativas son limitadas.

Arabia Saudí es el único país del CCG con acceso al Mar Rojo. Esto le da al reino un amortiguador parcial contra la inestabilidad de los precios en alimentos debido al aumento en los costos o las interrupciones de envío. Sin embargo, no mitigaría completamente su impacto, ya que las importaciones tendrían que transportarse a largas distancias a través del país y en zonas desérticas inseguras.

Los costos de alimentos aumentarían inevitablemente, lo que obligaría al gobierno a movilizar reservas estratégicas y otras medidas estabilizadoras del mercado para moderar la inflación de precios y detener el malestar social potencial.

Aparte de Omán, que tiene puertos en el Mar Arábigo, los países restantes del CCG no tienen acceso directo a rutas de envío alternativas para la importación de alimentos. Las presiones elevadas sobre los precios de los alimentos debido a una interrupción de las importaciones, implicarían múltiples intervenciones políticas, incluidas la liberación de reservas estratégicas, el uso de medidas fiscales y monetarias y la dependencia de las re-exportaciones de alimentos saudíes para reducir presiones y mantener el consumo en niveles bastantes estables.

Sin embargo, algunos productos básicos son más vulnerables que otros. Por ejemplo, el arroz, principal insumo básico de los trabajadores inmigrantes, se importa, principalmente, del Este. Si se interrumpe el transporte marítimo a través del Golfo, los precios podrían dispararse. Esto erosionaría los ingresos reales y la seguridad alimentaria entre los inmigrantes de bajos ingresos y, si no se resuelve rápidamente, podría provocar disturbios civiles, particularmente en los países más pequeños del CCG, Qatar y Bahréin. 

Los inmigrantes vulnerables podrían ser explotados por grupos ilegales y otros caer en zonas de conflicto. Otros grupos locales desencantados, incluidos los electores, podrían ver en una escasez de alimentos o una crisis de precios la erosión de la legitimidad estatal y potencialmente, actuar sobre esa percepción.

Implicancias regionales

Las implicancias más amplias para la región MENA también son importantes. Aunque los países del CCG están reduciendo el número de empleados de otros países árabes, las remesas de las comunidades de expatriados siguen siendo considerables. Son fuentes importantes de divisas para los gobiernos de países como Egipto, Jordania, y Líbano, y una fuente vital de ingresos para las familias, en participar donde los grandes cambios de política macroeconómica provocaron fuertes aumentos en los costos de vida y la economía.

En Egipto, las remesas del CCG son aún más importantes dado que las transferencias desde Libia disminuyeron debido al conflicto. Los ingresos reales reducidos entre los expatriados produciría menos dinero para enviar a sus países de origen.

Además, la escasez real o percibida del mercado de alimentos en el CCG podría impulsar la expansión de las importaciones de Marruecos, Egipto, Sudán y Jordania. Cualquier medida adicional de apoyo a las exportaciones agrícolas en estos países contribuiría a una mayor inflación en los precios internos de alimentos, y esto no sería un buen augurio para las condiciones de seguridad alimentaria, que ya son una preocupación.

Los países de la región MENA están ampliamente interconectados mediante la mano de obra, las materias primas, los flujos financieros y las fronteras porosas. A nivel nacional del CCG, la inseguridad alimentaria es poco probable en condiciones pacíficas. Sin embargo, los acontecimientos recientes son un recordatorio de que la región no es inmune al riesgo de la inseguridad alimentaria, si se altera el flujo normal del comercio. También, hay mucho en juego para otros países de MENA, dadas las posibles repercusiones regionales más amplias para la seguridad y estabilidad humanas. Sería prudente evitar las conflagraciones militares en el CCG, que podrían convertirse en un caos y generar una mayor angustia económica en MENA.

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Amal A. Kandeel- asesora para los sectores público y privado en economía y política pública; recursos naturales y desarrollo sostenible; y conflicto, paz y seguridad. Licenciada en Ciencias Económicas, Universidad de El Cairo, Magíster en Economía, Universidad Americana en El Cairo, Máster en Política Pública Internacional, John Hopkins.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por Middle East Institute el 9 de julio de 2019.