De Siria a Nagorno Karabaj: la compleja rivalidad regional entre Rusia y Turquía

Por Ruslan Trad para The New Arab.

Un vehículo blindado de transporte de personal ruso en el noreste de Siria [Getty/The New Arab]

El 20 de octubre, sin mucho ruido mediático, las fuerzas turcas estacionadas en la ciudad siria de Morek comenzaron a retirarse de su base

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Morek es el puesto turco más importante al norte de la ciudad de Hama, controlada por el régimen sirio, y limita con la parte noroccidental del país, controlada por los rebeldes. 

La base está rodeada por unidades militares respaldadas por Rusia y milicias que forman parte oficialmente del Ejército sirio. Sirven como una especie de amortiguador para evitar nuevos enfrentamientos, como los registrados a principios de año. 

De acuerdo a los informes, Turquía llegó a un acuerdo con Rusia para retirar sus unidades de varios puestos y dos bases militares que actualmente están rodeadas por fuerzas de Bashar Al Asad.

Ya que las fuerzas turcas se retiraron de Morek, Ankara envió nuevas tropas a otros puestos en la provincia de Idlib para reforzarlos. Qué significa este redespliegue y si se avecina una nueva escalada en Siria son algunas de las preguntas que se hacen tanto los sirios como los observadores internacionales. Sin embargo, algunas de las respuestas pueden encontrarse no sólo en Siria, sino también en el Cáucaso.

La retirada de las fuerzas turcas se produce en medio de especulaciones acerca del lanzamiento de una nueva ofensiva por parte de Rusia y del régimen sirio para tomar la zona sur de la provincia de Idlib. Las conversaciones entre Turquía y los oficiales rusos en Ankara, en septiembre, terminaron sin llegar a un acuerdo. 

Se cree que el principal motivo de la falta de consenso es la propuesta de Rusia a Turquía de que abandone algunos de los puestos militares que mantiene en torno a la provincia de Idlib, como parte de los acuerdos entre ambos países a partir de 2018 para establecer la llamada zona intermedia en el noroeste de Siria.

El 17 de septiembre, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, Maria Zajarova, dijo que Turquía «no había cumplido el acuerdo del 5 de marzo» a tiempo, con lo que hacía referencia a la presencia continua de grupos radicales como Hayat Tahrir Al Sham y Hurras ad Din. A estos comentarios siguieron algunos de los ataques aéreos más intensos de la aviación rusa esta primavera, en los que el Ejército sirio utilizó fuego de cohetes y artillería contra varias aldeas del sur de Idlib. 

El último acuerdo se produjo a finales de febrero, luego de un ataque de las fuerzas de Al Asad en Idlib. Unos 60 soldados turcos murieron en los ataques aéreos y toda la ofensiva obligó a más de dos millones de sirios a huir de sus hogares. En respuesta, el Ejército turco atacó posiciones del Ejército sirio. Se utilizaron los entonces populares drones Bayraktar TB2, que causaron graves daños a las fuerzas de Al Asad. 

Como resultado, la ofensiva se detuvo, y el 5 de marzo se llegó a un acuerdo de cese al fuego con la mediación rusa. Como consecuencia de la ofensiva de las fuerzas del régimen, los rebeldes perdieron mucho territorio cerca de la estratégica carretera M5, pero lo recuperaron con el apoyo de Ankara.

La situación actual en Idlib es insostenible para todas las partes. El régimen de Damasco sigue empeñado en hacerse con todo el territorio perdido, mientras que Ankara dejó claro que no puede aceptar más refugiados. Turquía ya acoge a 3,5 millones de refugiados sirios y no está interesada en recibir más. Mientras, el país padece graves problemas económicos.

Una ofensiva en Idlib por parte de las fuerzas de Al Asad y la toma del noroeste de Siria provocaría sin duda una gran afluencia de refugiados a Turquía y crearía presión en la frontera sur de la Unión Europea.

La retirada de Morek también va en contra de la política actual de Turquía de no abandonar las bases y los puestos de observación en Idlib. La negativa de Ankara a retirarse de las bases asediadas fue un obstáculo durante las conversaciones de septiembre con Rusia.

El súbito cambio de política puede ser el resultado del reconocimiento por parte de Ankara de que las bases rodeadas supondrán un riesgo indebido para las tropas turcas en ese lugar cuando el conflicto vuelva a estallar (si es que lo hace). Pero también podría ser el resultado de enfrentamientos geopolíticos en otras zonas.

Nagorno Karabaj

El Presidente ruso no se mostró especialmente entusiasmado en su apoyo a Armenia, con la que su país tiene un tratado de defensa mutua, a pesar de las importantes pérdidas en Nagorno Karabaj causadas por el aliado turco Azerbaiyán. En una declaración realizada el 7 de octubre, Putin dijo que el acuerdo de defensa no incluía a Nagorno Karabaj

Durante las reuniones entre los Ministros de Defensa de Rusia y Turquía, el 12 de octubre, se discutió el conflicto de Karabaj junto con la situación en Siria y Libia, y en la reunión de Moscú del 23 de octubre los dos últimos conflictos fueron el tema principal.

Todo ello confirma las advertencias de analistas y observadores internacionales de que ni Libia, ni Siria, ni Nagorno Karabaj pueden considerarse como acontecimientos separados. Por el contrario, en la actualidad pueden trazarse como parte de un amplio campo de confrontación entre Moscú y Ankara, que se extiende desde el norte de África hasta el Cáucaso. 

La repentina y sorprendente retirada de Turquía de Morek puede estar relacionada con las conversaciones en curso sobre Nagorno Karabaj y Libia. Cabe recordar que después del 10 de noviembre, cuando se firmó el acuerdo sobre el cese de las hostilidades en Nagorno Karabaj, el Ejército ruso comenzó a enviar fuerzas a lo que será la futura zona de amortiguación entre las fuerzas armenias y azerbaiyanas en la región en disputa. Se sabe que habrá presencia de unidades turcas para realizar patrullajes con los rusos, como el modelo en Siria (y en Libia), y el Parlamento turco lo aprobó. Públicamente, Moscú dijo que Turquía no participará por la fuerza, pero quiera o no, Putin no tiene ahora muchas opciones.

Dada la frágil paz entre Bakú y Ereván, la agitación política del humillante acuerdo que estalló en Armenia y las muchas incertidumbres sobre cuándo abandonarán las fuerzas armenias la región de Nagorno Karabaj, las conversaciones entre Moscú y Ankara seguirán siendo importantes y seguramente afectarán a territorios alejados del Cáucaso.

Turquía está desalojando los puestos de observación desprotegidos en el territorio en manos de las fuerzas de Al Asad y reubicando esas fuerzas, al tiempo que refuerza las posiciones rebeldes de Idlib con material adicional y fortalece sus posiciones en la provincia. 

Actualmente hay allí unos 15 mil soldados turcos, un mensaje a Moscú y Damasco de que Ankara tiene un interés real en mantener la zona intermedia para evitar más refugiados y la entrada de extremistas, lo que para Turquía significa no sólo el Estado Islámico sino también miembros del Partido de los Trabajadores Kurdos, que tiene relaciones complicadas con Rusia.

Moscú y sus aliados sirios pueden seguir teniendo la tentación de apoderarse de zonas estratégicas como Jisr Al Shughur o Jabal Al Zawiya para intensificar su control sobre la estratégica carretera M4 y las zonas al sur de la misma. Es allí donde la aviación rusa lleva a cabo cada vez más ataques contra posiciones de grupos rebeldes respaldados por Turquía desde octubre, de nuevo, como un mensaje que incluye la participación de Ankara en el conflicto del Cáucaso. 

Sin embargo, hay informes de que las tropas turcas que abandonaron la base de Morek fueron enviadas a reforzar Jabal Al Zawiya. Esto demuestra el importante riesgo que corren las fuerzas rusas y del régimen sirio en caso de que se intente atacar la zona.

Parece que ni en Siria ni en el Cáucaso se silencia el ruido de las armas. La escalada continúa en Nagorno Karabaj, incluso con la llegada de las fuerzas de paz rusas, que enfrentaron varios problemas relacionados con la administración de la zona intermedia allí. 

Los primeros problemas surgieron cuando un miembro ruso de las fuerzas de paz resultó herido por la explosión de una mina en Nagorno Karabaj. Mientras tanto, aumentan las tensiones en Siria por el enfrentamiento geopolítico entre Rusia y Turquía, el deseo del régimen sirio de ocupar el noroeste de Siria y el estancamiento en Idlib.

Aunque estos acontecimientos afectan directamente a los intereses de la Unión Europea  y de Estados Unidos, su ausencia militar y diplomática, así como su no participación en las conversaciones, es una clara señal para Turquía y Rusia, que decidirán el futuro de los conflictos, desde Libia hasta Siria y Nagorno Karabaj. 

La reanudación de las hostilidades en el norte de Siria afectará a la región. En el sur de Siria, el Ejército está llevando a cabo operaciones contra los antiguos rebeldes, aumentaron los asesinatos políticos en Damasco y la situación económica en las zonas controladas por Asad es nefasta y está marcada por muchas privaciones.

En el este de Siria, las fuerzas kurdas respaldadas por Washington también están esperando un momento oportuno para establecer su administración. A su  vez, se está produciendo un resurgimiento del Estado Islámico de Irak y el Levante como consecuencia de los actuales enfrentamientos geopolíticos. 

Por último, no olvidemos a Irán, país vinculado a los acontecimientos en Siria, así como a Nagorno Karabaj, donde Teherán se siente abandonado por Ankara y Moscú, que rediseñaron las zonas de influencia en Siria durante las conversaciones de Astaná. La rivalidad tiene el potencial de hacerse más visible, y con mayores consecuencias.

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Ruslan Trad es autor de “El asesinato de una revolución» y coautor de «Los ejércitos invisibles rusos». Su trabajo periodístico se centra en Siria y las zonas de conflicto.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por The New Arab el 4 de diciembre de 2020.