¿Cómo puede ser que China mantenga buenas relaciones con Israel y también con Irán?

Por Roie Yellinek para Middle East Institute

El presidente chino, Xi Jinping, y el presidente iraní, Hassan Rouhani, en una reunión en el Palacio de Saadabad en Teherán, en 2016. [Agencia Anadolu / Getty]

China se viene involucrando cada vez más en el escenario internacional, incluido Medio Oriente, en los últimos años. Como superpotencia en ascenso, Pekín se encuentra, una y otra vez, necesitando mantener relaciones con países que son hostiles entre sí. Esto es particularmente cierto en Medio Oriente, que es una de las áreas más conflictivas del mundo. Incluso antes de que China ganara su influencia actual, se encontró con este problema durante la guerra Irán-Irak de 1980-1988, cuando armó y mantuvo relaciones diplomáticas con ambos lados. Si avanzamos rápidamente hacia el presente, China se enfrenta ahora a un desafío similar, ya que busca mantener buenas relaciones con Irán e Israel, dos de los adversarios más feroces y ruidosos de la región. ¿Cómo se las arregla Pekín para hacer esto y poder continuarlo en el futuro?

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Para decirlo simplemente, el enfoque de China ubica a la economía en primer lugar, por delante de los intereses y simpatías políticas, ideológicas o humanitarias. Siempre que sea posible, evita elegir bandos en rivalidades o conflictos. Las acciones internacionales de China están impulsadas por las necesidades del país y es desde esta perspectiva que mantiene buenas relaciones tanto con Irán como con Israel. Por encima de todo, Pekín se centra en hacer crecer su economía para mejorar el nivel de vida y mantener la estabilidad interna. Los analistas pragmáticos de las relaciones internacionales argumentarían que no se debe culpar a China, sino que, incluso, debe ser elogiada por elegir socios en función de sus intereses personales en lugar de la ideología, el tipo de régimen o las preocupaciones humanitarias. Todos los países dan prioridad a sus propios intereses económicos y de seguridad nacionales hasta cierto punto, y hacerlo a veces requiere mantener relaciones positivas con países que son hostiles entre sí. Estados Unidos (EEUU) hace esto, al igual que las naciones europeas, entre Estados Unidos y Rusia, por ejemplo, y también Israel, que es un importante proveedor de armas para el rival de China, India. Lo que diferencia a China de la mayoría de los países es que la escala y el alcance de sus acciones definen el orden internacional.

China e Irán: Asegurar recursos naturales baratos y contrarrestar la hegemonía estadounidense

Según lo revelado por The New York Times, Pekín y Teherán vienen discutiendo un acuerdo importante, uno que podría hacer que China invierta hasta 400 mil millones de dólares en Irán durante 25 años. China percibe a Irán, bajo el actual régimen de sanciones de ‘máxima presión’ de Estados Unidos, como un ‘activo en dificultades’ que puede aprovechar por un precio bajo para mejorar su seguridad energética y ampliar su mercado de exportación. Pero lo mejor de todo para Pekín es que puede aprovechar este ‘activo en dificultades para desafiar la posición de EEUU en Medio Oriente: si Irán demuestra que los países sujetos a sanciones estadounidenses pueden superar el impacto económico apoyándose en China, una de las herramientas más fuertes de Washington para presionar a las potencias extranjeras perderá algo de su eficacia. Los países de Medio Oriente y de todo el mundo tendrán menos probabilidades de calmar a la hegemonía norteamericana si pueden confiar en un poder alternativo como China que es indiferente a los acuerdos políticos internos de sus socios. China, por otro lado, busca socavar la fuerza de Donald Trump en la arena internacional en el período crítico previo a las elecciones presidenciales de Estados Unidos en noviembre. Sin embargo, parece claro que el acuerdo China-Irán tiene más que ver con la disputa China-Estados Unidos. La competencia a largo plazo entre las grandes potencias aparece como mucho más importante que las tácticas a corto plazo contra el presidente en ejercicio o incluso la seguridad energética o los mercados de China, que sólo se verían afectados marginalmente por el acuerdo. 

En pocas palabras, China puede importar energía de muchas otras fuentes y expandir el comercio con mercados que son más estables, ofrecen más promesas y generan menos controversias. Pero, en cambio, eligió a Irán, no porque lo necesite, sino porque quiere y puede. Sin embargo, Pekín es rápida para deshacerse de Irán cuando le es conveniente. Por ejemplo, para alentar el progreso de las negociaciones comerciales con Estados Unidos a principios de este año, Pekín redujo rápidamente sus importaciones de petróleo de Irán, en un 89 por ciento interanual en marzo, como un gesto de buena voluntad hacia la Administración Trump. En junio, China no importó petróleo crudo de Irán, incluso cuando sus importaciones de Arabia Saudita alcanzaron un máximo histórico. Desde entonces, China ha cambiado de rumbo, importando 120.000 barriles por día de crudo iraní en julio.

China e Israel: magnetismo desde Silicon Wadi

En el Informe de Competitividad Global 2016-17 del Foro Económico Mundial, Israel se clasificó como la segunda nación más innovadora del mundo después de Estados Unidos. China ha invertido mucho en la industria israelí de alta tecnología (conocida como «Silicon Wadi») en los últimos años, y los dos países celebran una cumbre anual de innovación e inversión en tecnología. China está impulsada por el deseo de superar a EEUU para convertirse en líder mundial en el desarrollo de 5G y otras tecnologías avanzadas. Israel, junto con Canadá, Dinamarca, Grecia, Japón, Noruega, Taiwán, Inglaterra, Eslovenia y otros Estados, está a punto de prohibir los productos Huawei de su red 5G en respuesta a la presión sostenida de Estados Unidos en el marco del plan denominado «Red limpia». Sin embargo, China todavía ve a Israel como un centro tecnológico innovador con el que puede cooperar para satisfacer sus propias necesidades y objetivos. Al igual que Irán, Israel es un socio que ‘es bueno tener’, no uno que ‘necesita tener.

Por supuesto, Israel no es el único exportador de productos de alta tecnología a China. Otros países desarrollan tecnología innovadora y el propio ecosistema tecnológico de China también se ha vuelto bastante avanzado debido a la considerable inversión local. Cuando se trata de tecnología, el país más importante para la economía china sigue siendo Estados Unidos: las universidades estadounidenses enseñaron a 171,000 estudiantes chinos de STEM en 2018-19, su enorme mercado importa más de 500 mil millones de dólares en productos chinos anualmente y, quizás menos tangible, pero no menos importante: el intercambio de ideas y la competencia entre los dos países impulsa el crecimiento y el desarrollo tecnológico. Entonces, la única relación ‘imprescindible’ para China es con Estados Unidos. China puede mantener y fortalecer los lazos tanto con Irán como con Israel sin sentir ningún malestar moral, ya que estas relaciones se basan en intereses comunes, no en valores compartidos o dependencia mutua. Pekín puede mantener ambas relaciones precisamente porque no son ‘imprescindibles’; siempre puede equilibrarlas según las necesidades cambiantes y cortar los lazos con uno de los países si se opone demasiado a las relaciones de China con el otro.

De cara al futuro, a medida que la influencia de China siga creciendo, es probable que la fuerza de Pekín remodele el escenario internacional. Uno de los principales cambios será un margen de maniobra más amplio para los países que se oponen a Estados Unidos, que durante mucho tiempo se acostumbró a su condición de única superpotencia. Irán es solo un ejemplo, y no será una sorpresa si otros Estados que se oponen a la hegemonía estadounidense también reciban el apoyo de China, incluso si no tienen recursos específicos o una ventaja estratégica obvia para ofrecer a Pekín. Este enfoque de ‘todos los que vienen’ de China marca un cambio de época en los asuntos internacionales. Tras el colapso de la Unión Soviética, pocos países, si es que hubo alguno, podían arriesgarse a ser excluidos del orden mundial liberal emergente al oponerse a las demandas estadounidenses de democratización, liberalización financiera o desarme. Desde principios de la década de 2010, surgió una nueva superpotencia y de sus socios, países tan diversos y mutuamente antagónicos como Israel e Irán, solo exige una cosa: ganancias. Muchos otros países podrían aceptar este trato, puesto que lo único que China exige, también lo ofrece. Cuanto más estas dos superpotencias se conviertan en sistemas aislados, más tiene que preocuparse el mundo por la escalada. Hoy en día, estas dos superpotencias dependen una de la otra, pero si en algún momento esto cambia, la escalada será rápida. 

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Roie Yellinek obtuvo su doctorado en la Universidad Bar-Ilan en Ramat-Gan, Israel. Es investigador en el Centro Begin-Sadat de Estudios Estratégicos, académico no residente en el Instituto de Oriente Medio e investigador adjunto en el Centro Dado de la FID. Es un especialista en la relación entre el Medio Oriente y China, especialmente en lo que respecta al componente de poder blando de la diplomacia china. Ha escrito extensamente sobre la relación China-Oriente Medio y es comentarista frecuente en medios locales e internacionales.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por Middle East Institute el 29 de septiembre de 2020.