Mohamed Bouazizi, 1984-2011: El fuego que encendió la Primavera Árabe

Por Sarah Khalil para The New Arab

Cartel con la imagen de Mohamed Bouazizi, vendedor ambulante tunesino. [Autor desconocido/Getty]

[Nota del editor: este artículo es parte de nuestra serie especial sobre el décimo aniversario de la Primavera Árabe. Se puede acceder al resto de la serie en este portal actualizado regularmente.]

Para muchos era una típica mañana de viernes en Sidi Bouzid, una pequeña ciudad en el corazón rural de Túnez. Era habitual ver a los vendedores ambulantes asolados por la pobreza vendiendo sus mercancías al lado de la ruta, y también lo era la visión de los oficiales de policía acosándolos en busca de sobornos.

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Pero cuando Mohamed Bouazizi, de 26 años, gritó ‘basta’ después de que un grupo de oficiales pusiera sus ojos en su carrito de frutas y en sus escasos ingresos, el día se tornó atípico.  Diez años pasaron desde aquella mañana de diciembre, cuando el curso de la vida cotidiana estalló en una conflagración que cambió para siempre el mundo árabe.

Bouazizi, un vendedor ambulante tunecino nacido en la penuria económica, se prendió fuego frente a la oficina del gobernador provincial de Sidi Bouzid el 17 de diciembre de 2010. Había sido hostigado repetidamente por oficiales municipales durante el día, aparentemente porque no tenía permiso para vender sus productos en las calles. Sin embargo, lo más probable es que fuera porque no tenía dinero para un soborno.

Con su fruta y su carro confiscados, y con funcionarios de la oficina del gobernador negándose a escuchar sus súplicas, Bouazizi se mantuvo erguido en la carretera mientras el tráfico pasaba a su lado, se roció con gasolina y se prendió fuego. Permaneció en coma hasta su muerte el 4 de enero de 2011.

La auto inmolación de Bouazizi se extendió por Túnez y el mundo árabe, inspirando movimientos y levantamientos pro democráticos que vieron la caída de un dictador árabe tras otro. En el aniversario de la auto inmolación de Bouazizi, y el nacimiento de la Primavera Árabe, The New Arab describe la vida de un vendedor ambulante cuyas acciones aún resuenan alrededor del mundo árabe hoy.

El fantasma de la pobreza 

Bouazizi nació el 29 de marzo de 1984 en el pequeño pueblo de Sidi Salah, cerca de la ciudad de Sidi Bouzid. Junto con sus seis hermanos, su familia vivió en circunstancias modestas durante sus primeros años.

Su padre trabajaba como obrero y la pobreza siempre estuvo a la vuelta de la esquina, asomando su cabeza a lo largo de su vida. Al morir su padre de un ataque cardíaco, cuando Bouazizi tenía solo tres años, los ingresos familiares disminuyeron, y pronto todas las cargas recaerían únicamente sobre los hombros del niño.

Como ocurrió con muchos tunecinos, el joven Bouazizi pronto se convirtió en una fuente de apoyo económico para su madre y sus hermanos menores. Su breve educación en una pequeña escuela cerca de la ciudad se vio interrumpida por la exigencia de trabajar, y comenzando desde que tenía sólo 10 años. De adolescente vendía frutas y verduras de temporada en un carrito. Pronto, las circunstancias lo obligaron a abandonar la educación por completo en busca de un trabajo mejor remunerado.

No había indicios de éxito por ninguna parte. Sus solicitudes para puestos de trabajo eran rechazadas, algunos períodos trabajando con un tío debilitado por sus enfermedades terminaron cuando las deudas hicieron que se embargara la granja familiar. A sus veinte años, Bouazizi volvió una vez más a vender en las calles. Durante esos años, cuando la carga de ser el principal sostén de la familia pesaba cada vez más sobre los hombros de Bouazizi, los palacios de la élite tunecina se hacían más altos y anchos. El reinado del entonces presidente de Túnez, Zine El Abidine Ben Ali, que había comenzado con un golpe de estado en 1987, cursaba para entonces su tercera década.

En los años del asfixiante gobierno autoritario de Ben Ali, que vio a toda oposición eliminada, las clases cercanas al poder del régimen se enriquecieron mediante la corrupción y la malversación de fondos. Las disparidades en la riqueza se manifestaron de manera más llamativa por la propia familia y en el entorno político del presidente, en cuyas manos se encuentran muchas de las principales empresas del país, y en cuyas cuentas bancarias se concentraron gran parte de las riquezas de Túnez.

Al mismo tiempo, mientras la pobreza y el desempleo acechaban al país, las regiones rurales y ciudades como Sidi Bouzid se vieron especialmente afectadas. Para Bouazizi, los escasos ingresos que podía obtener procedían de su trabajo como vendedor ambulante, y así cuidaba de sus hermanos, incluyendo el financiamiento de la educación universitaria de su hermana. Pero la vida en la calle estaba repleta de hostigamiento.

Con los servicios de seguridad del país operando a menudo con impunidad, el propio Bouazizi vivió esos años sometido al acoso repetido de la policía y los inspectores de mercado, a menudo exigiendo sobornos a cambio de dejarlo en paz.

Un grito de desesperación

Así eran los días típicos de la vida de Bouazizi, hasta que el 17 de diciembre de 2010 una inspectora de mercado confiscó su carro y sus productos, alegando que no tenía el permiso requerido.

Desesperado por defender su derecho a ganarse la vida, Bouazizi entró en un enfrentamiento verbal con la oficial. Según testigos y relatos de sus familiares, luego de haber confiscado su carro, la oficial lo abofeteó. Con su producto arrebatado, el desesperado Bouazizi se dirigió a la jefatura provincial para quejarse y solicitar la devolución de sus bienes. Se le negó la audiencia.

Sin alertar a su familia, a las 11.30 am, una hora después de la confrontación inicial, se prendió fuego. La mecha de la creciente ira se encendió. La gente de Sidi Bouzid estalló. Los manifestantes se reunieron en las calles. Las acciones de la policía, siempre acostumbrada a reprimir revueltas con la mayor mano dura, solo hicieron que más personas salieran de sus casas en protesta. Siguieron los disturbios.

Durante los días posteriores a la auto inmolación de Bouazizi, los eventos en Sidi Bouzid se extendieron por todo el país. Las afirmaciones de que Bouazizi era un licenciado universitario que se había prendido fuego por la falta de empleo, aunque erróneas, alcanzaron nuevas marcas, ya que las masas tunecinas tanto urbanas como rurales, desde granjeros hasta graduados universitarios, salieron a las calles para protestar contra la corrupción del gobierno de Ben Ali. Bouazizi fue trasladado a un hospital cerca de Túnez. En un intento por sofocar la agitación, Ben Ali lo visitó en el hospital el 28 de diciembre de 2010. Era demasiado poco y demasiado tarde.

Mártir de la revolución

Bouazizi murió el 4 de enero de 2011. Para entonces, las protestas se habían extendido por todo el país. Las demandas de renuncia a Ben Ali, que sólo unas semanas antes habrían sido completamente impensables, ahora eran gritadas públicamente por miles en las calles de Túnez.

Los intentos de las autoridades de utilizar la fuerza para reprimir lo que se conoció como la Revolución del Jazmín provocaron protestas internacionales, y las pobres concesiones ofrecidas por Ben Ali y sus colegas no lograron aplacar la ahora envalentonada oposición. El 14 de enero, diez días después del fallecimiento de Bouazizi y menos de un mes después de esa atípica mañana de viernes, Ben Ali dimitió.

Desde 2010 hasta hoy, Bouazizi es celebrado como un héroe de la revolución tunecina. Si bien Túnez atravesó pruebas y adversidades importantes a medida que una sucesión de gobiernos trataron de lidiar con las secuelas del régimen de Ben Ali, el estatus distintivo del vendedor de frutas de 26 años permanece intacto.

En febrero de 2011, la plaza principal de Túnez ganó un nuevo nombre. Durante la mayor parte de los treinta años se la conoció como la Plaza 7 de Noviembre, marcando la fecha de 1987 en la que Ben Ali tomó el poder.

Hoy se erige como la Plaza Mohamed Bouazizi. Pero en las grandes plazas públicas y al costado de las carreteras de todo el país, otros vendedores ambulantes tienen la esperanza de que la suya nunca será la vida que una vez tuvo Bouazizi.

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Sarah Khalil es Magíster en Lingüística Aplicada por Birkbeck College, de la Universidad de Londres.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por The New Arab el 17 de diciembre de 2020.