Por qué Kadhimi debería rechazar la invitación de Erdogan

Por Michael Rubin para Iraqi Thoughts

El Primer Ministro iraquí, Al Kadhimi, y el Embajador turco en Irak, Fatih Tildiz. [Fuente desconocida]

El 15 de Octubre de 2020, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan invitó al Primer Ministro iraquí Mustafa Al Kadhimi a visitar Turquía. Si bien no se ha fijado una fecha, Kadhimi parece inclinado a ir. Esto sería un error. 

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Los funcionarios iraquíes, de todo el espectro político, le dicen a casi cualquier visitante que el futuro y la seguridad de Irak dependen de la neutralidad y la capacidad de Bagdad para cultivar buenas relaciones con todos los vecinos ya sean árabes, persas o turcos. En efecto, esperan que Irak pueda mantenerse al margen de los conflictos regionales y convertirse en un segundo Omán. 

Esta es una idea noble, pero, mientras que los vecinos de Irak intervengan en el país, es sólo una ilusión. Los iraquíes podrán lamentar que varios grupos en Teherán y Washington hayan convertido su país en un campo de batalla para desarrollar rivalidades que en su esencia tienen poco que ver con Irak. Sin embargo, simplemente profesar neutralidad no librará al país ni de las milicias respaldadas por Irán ni de las operaciones estadounidenses dirigidos a ellos y a sus patrocinadores. En cuanto a la analogía de Omán, la neutralidad sólo fue posible después de la derrota de las fuerzas respaldadas por extranjeros en suelo omaní. 

El equipo de Kadhimi está en lo cierto respecto a que es tradicional que cada primer ministro visite Irán, Estados Unidos, Europa, Jordania y Turquía. Después del acercamiento de Irak con Arabia Saudí durante el mandato del Primer Ministro Haider Al Abadi, ese país también se unió a la lista. Tras seis meses en el cargo, Kadhimi ya marcó todos los países de la lista excepto Turquía.

Añadir a Turquía ahora sería un error. Kadhimi se convirtió en Primer Ministro como líder de transición para administrar Irak mientras se preparaba para elecciones bajo una nueva ley electoral. Eso, por sí solo, es la principal base de su legitimidad. Por supuesto, no puede ignorar otras crisis que Irak debe enfrentar a medida que avanza hacia las urnas. Kadhimi tomó el mando de Irak en un momento en que el país enfrentaba una doble crisis económica provocada por el COVID-19 y la caída precipitada del precio del petróleo. 

Los iraquíes suelen desafiar las predicciones de los extranjeros, pero la paciencia se está agotando. El Ministro de Finanzas, Ali Allawi, ha elaborado un Libro Blanco en el que se describen las reformas necesarias. No obstante, no está claro que el Parlamento tenga la previsión o la voluntad de reconocer que las reformas incluidas son una necesidad y no un menú a la carta del que elegir. Con la economía de Irak moribunda, muchos iraquíes no entienden por qué Kadhimi debería viajar y cuestionan si sus frecuentes viajes les reportan algún beneficio. Los detractores insisten cada vez más en que no lo hacen y, en cambio, sugieren que Kadhimi viaje para buscar respaldo que no puede lograr a nivel nacional, pero que necesita para la supervivencia política. Estos sentimientos pueden no ser justos. Ya sean líneas de crédito, oportunidades comerciales o respaldo de seguridad, los viajes de Kadhimi al extranjero han sido fructíferos. Un viaje a Turquía sería diferente.

Desde la derrota de Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL), un evento en el que Kadhimi jugó un papel descomunal aunque silencioso, los iraquíes han abrazado un momento postsectario. Más del 40 por ciento de los iraquíes nacieron después del derrocamiento de Saddam y tienen poca paciencia con los partidos sectarios o el daño que han causado. Algunos Estados, Arabia Saudita y Jordania, por ejemplo, alguna vez adoptaron políticas sectarias hacia el orden político de Irak posterior a 2003. Éstos ahora se involucran con la diversidad de la sociedad iraquí y reconocen que las guerras sectarias en Irak no son de interés para ningún país. Sin embargo, ni Irán ni Turquía han llegado a tal entendimiento: sus agendas sectarias continúan amenazando la estabilidad y seguridad de Irak.

El problema con el viaje a Turquía es mayor. La narrativa de que EIIL surgió orgánicamente como reacción al sectarismo del ex Primer Ministro Nouri Al Maliki es falsa. Hoy en día, la evidencia es abrumadora respecto a que Turquía fue el principal facilitador de ese grupo y que este no habría podido pisotear el norte de Irak sin alguna connivencia turca, especialmente con respecto al tránsito de combatientes extranjeros a través de su frontera.

Este problema no es simplemente del pasado. Turquía no solo ocupa territorio iraquí, sino que también hace reclamos revanchistas sobre zonas del norte de Irak. Combinado con la realidad de la ocupación turca del norte de Chipre durante 46 años, esto debería generar preocupación en Bagdad de que las ambiciones de Ankara en Irak no se limitan al contraterrorismo.

Hubo otras afrentas a la soberanía iraquí. Los activistas yazidíes involucrados en la reunificación de familias separadas por EIIL dicen que tienen pruebas de que las niñas yazidíes de Irak permanecen esclavizadas tanto en las zonas controladas por Turquía en Siria como en la propia Turquía. El 11 de agosto de 2020, un ataque con un dron turco mató a un general iraquí de servicio dentro de Irak. Erdogan no se disculpó ni pagó una indemnización. Viajar a Turquía en tales circunstancias recompensaría esencialmente a Erdogan por su agresión. Si Kadhimi declara que no visitará Turquía mientras las tropas turcas ocupen territorio iraquí y mientras el incidente de agosto siga sin resolverse, podría parecer menos suplicante y, en cambio, apalancar su defensa del creciente sentimiento nacionalista de Irak hacia un precedente más amplio que luego podrá esgrimir cuando enfrente otros desafíos externos a la soberanía iraquí, ya sean de Irán o de Estados Unidos. 

Sin dudas, existen razones diplomáticas para involucrar a Turquía. El arbitraje sobre los acuerdos petroleros separados de Turquía con el Kurdistán iraquí y las violaciones de los acuerdos sobre oleoductos entre Irak y Turquía que se remontan a 1973 están llegando a un punto crítico. La expectativa de que Irak gane un juicio multimillonario proporciona a Bagdad una influencia en las negociaciones bilaterales en varios frentes. Sin embargo, esas conversaciones deberían ser competencia del equipo jurídico de Iraq y de sus diplomáticos. Para Kadhimi, viajar a Ankara cuando Irak tiene la ventaja legal, sin embargo, y sin un acuerdo final de Erdogan es similar, en una partida de póquer, a retirarse con un full contra un oponente que solo tiene un par de dos.

Kadhimi no necesita insultar a Erdogan negándose a reunirse. Pero en lugar de irse de Bagdad una vez más, Kadhimi debería insistir primero en que Erdogan lo visite en Irak. Bagdad sería lógico, aunque podría ser interesante convocar una cumbre de Nayaf para obligar a Erdogan enfrentarse con la diversidad de Irak y el hecho de que cualquier pretensión de liderazgo en el mundo islámico que ignore el chiísmo y la diversidad del islam terminará en un fracaso. Erdogan francamente rechazaría cualquier reunión de este tipo en Irak porque daría la vuelta a las cartas y simbolizaría su propia debilidad. Sin embargo, si Erdogan hiciera tal consideración solo resaltaría que Kadhimi no puede evitar tal simbolismo incluso si tiene poca paciencia con él. Dados los ataques de Turquía contra Irak, la mejor medida ahora sería evitar cualquier cumbre, pero si Kadhimi lo considerara necesario, entonces es hora de elegir un tercer país para reunirse.

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Michael Rubin es un académico residente en el American Enterprise Institute, donde se especializa en Irán, Turquía y el Medio Oriente en general. También imparte regularmente clases sobre conflictos de Oriente Medio, cultura, terrorismo y el Cuerno de África a unidades de la Marina y la Infantería de Marina de los EE. UU.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por Iraqi Thoughts el 2 de Noviembre de 2020